La observación y la auto-observación de sí mismo
Hoy en día, aun se puede apreciar
que, la educación formal, la ciencia, la
religión organizada, la propaganda y la política han fracasado. Ellas no
nos han traído paz, aun cuando el hombre ha progresado tecnológicamente en
forma increíble. Éste, sin embargo, continúa tal como ha sido por muchos años:
pendenciero, codicioso, envidioso y agobiado por grandes sufrimientos.
Por lo tanto, hoy más que nunca urge
de manera inmediata examinar qué haremos, en un mundo tan perturbado, tan
brutal, tan completamente infeliz, tenemos que examinar no sólo que es el
vivir, pero antes de ello, es importante conocernos
a nosotros mismos, por medio de la auto-observación de sí mismo.
Tenemos que comprender la totalidad de la existencia, no
simplemente una parte de ella, no importa lo tediosa, lo agonizante, lo brutal
que esa parte sea, tenemos que ver el cuadro total. Tenemos que comprender el
fenómeno de la existencia como un todo,
y sólo así de esta manera sabremos hacia donde nos dirigimos.
Por ejemplo,
la imagen
que cada uno de nosotros hemos construido de él o ella, o sobre nosotros mismos
siempre va a ser un estorbo para mirar. Por lo tanto, cuando mira hay
distorsión, surge la contradicción. De manera que para mirar realmente, tiene que haber relación entre el observador y la
cosa observada.
Cuando alguien tiene interés de algo, realmente lo observa muy de cerca, lo cual
significa que esta movido por un gran afecto, entonces es capaz de observar.
Así, pues, mirar significa observar con
cuidado, con afecto, de manera que juntos veamos lo que realmente es, pero
para ello, es necesario estar libres de la imagen que tenemos de nosotros
mismos, y así también de la identificación.
Por lo tanto, debemos hacer lo
posible para que todos los prejuicios
desaparezcan, y estos desaparecen tan pronto ve claramente lo que está frente a
usted, porque lo que uno ve es mucho más importante que lo que debe hacer en
relación con lo que ve. Cuando se ve con claridad, sin el ego esa claridad
actúa. Solo la mente caótica, confusa, que selecciona, es la que pregunta.
Es muy importante, aprender a ver, a
observar. ¿Y qué es lo que observamos? No es únicamente el fenómeno externo,
sino también el estado interno del hombre.
De manera que sólo nos interesa
averiguar si el hombre, tal como es, puede transformarse radicalmente a sí
mismo, no de acuerdo con una teoría o filosofía en particular, sino viendo
realmente lo que es. Tenemos, que observar y ver por nosotros mismos lo que realmente somos. Para ello, es
necesario conocernos a nosotros mismos.
Se ha mencionado, que el conocimiento de uno mismo es la más alta
sabiduría, pero pocos lo hemos logrado. No tenemos la paciencia, la
intensidad o la pasión, para averiguar
lo que somos. En nuestro interior vive un cordero y un lobo.
Tenemos que
vivir libremente –no para hacer lo que nos guste, sino
para vivir felices jubilosos. Un hombre que tiene el corazón lleno de júbilo no siente odio, ni violencia, ni acarreara
la destrucción de otro. Ser libre significa que no hay condenación, en
forma alguna, de lo que vemos en nosotros mismos. Es decir, la mayoría de
nosotros condenamos o interpretamos, o
justificamos; nunca miramos sin justificar o condenar.
Para ello, es importante observar sin condenar en forma alguna. Sin
elaborar juicio alguno al respecto. Lo anterior no es tan fácil, porque toda nuestra cultura,
nuestra tradición consiste en comparar,
justificar o condenar los que somos.
Cada día en nuestras actividades
diarias, utilizamos la lucha de los
contrarios (Heráclito de Efesio decía que por eso existe un día y una
noche, la salud y la enfermedad, etc.) sin darnos cuenta de ello, este hecho nos impide observar lo que
realmente somos.
Recordemos que somos seres vivos, y
cuando condenamos lo que vemos en nosotros mismos, y además lo hacemos desde un
recuerdo que está muerto, que es el pasado. Por lo tanto, para comprender lo que está vivo, el pasado tiene que desvanecerse,
de manera que podamos observar tal como son las cosas. puesto que, cuando se hace
uso de la memoria o la propia experiencia, eso es el pasado. Y si estamos mirando
por el presente con los ojos del pasado, y así nunca comprenderemos, lo que es
la cosa viva.
Por tanto, sólo cuando hayamos
comprendido la violencia en nosotros
mismos, puede que entonces no sea necesario observar la externa, porque lo que somos internamente es lo que
proyectamos fuera.
Esa violencia en nosotros mismos, es el resultado de la propia
naturaleza, de la herencia o de la llamada evolución de la humanidad que viene
desde la más remota antigüedad. Miles y miles de años, que cargamos en nuestro
inconsciente colectivo las más profundas
emociones negativas y las pasiones del cuerpo.
Es importante enfatizar, que la descripción no es la cosa descrita, la explicación no es lo explicado. El
verdadero conocimiento no es parte del pensamiento, es decir, no requiere del
pensamiento, este se obtiene de manera directa.
Reconozcamos, que desde la niñez a cada uno de nosotros a
diferencia de los tipos de familia, cada una de ellas de alguna u otra forma,
nos educan para ser violentos, competidores, brutales unos con otros sin que se
percaten de ello.
Toda nuestra existencia tiene sus
raíces en el pasado; nuestra vida es el pasado. Todo pensamiento –lo que examinamos diariamente- es la respuesta del
pasado, la respuesta de la memoria, del conocimiento y de la experiencia.
De modo que el pensamiento nunca es nuevo, nunca es libre. Con este proceso de
pensar es que miramos la vida diaria.
Cuando miramos como un fragmento que
mira otros fragmentos, entonces ese fragmento ha asumido autoridad, y ese fragmento causa contradicción y,
por lo tanto, conflicto. Pero si
podemos mirar sin fragmento alguno, entonces observamos la totalidad sin el observador. Nosotros somos el conflicto y es con el
conflicto que vivimos.
¿Cuál es la
raíz del conflicto, es decir, cual es la causa del conflicto?
Es muy importante que comprendamos
por nosotros mismos, que veamos, mediante la propia observación, que el conflicto existirá eternamente mientras haya división
entre el observador y lo observado. Mientras continúe esa lucha incesante
entre el contenido del sector de la
mente consciente y el subconsciente siempre estaremos fragmentados en
nuestro interior.
Significa que uno mismo ve muy
claramente, y por lo tanto, sin selección, la forma en que esa división entre
el observador y lo observado crea malestar, confusión y sufrimiento.
Lo cual significa que debemos estar libres del pasado. Para
mirar necesitamos gran energía, debemos tener intensidad. Sin pasión no podemos
mirar. A menos que tengamos gran pasión
e intensidad, no podemos mirar la belleza de una nube, o las maravillosas
montañas que existan en algún lugar.
De la misma manera, para poder
mirarse uno mismo sin el observador, se requiere una pasión y energía
tremendas. Y esa pasión, esa intensidad
se destruye cuando comenzamos a condenar, a justificar, cuando decimos: no
debo.
De manera que, la primera cosa es observar sin el observador (censor);
mirar la esposa, los hijos, sin la imagen. La imagen puede que sea superficial, o que esté escondida en lo
inconsciente; por eso tenemos que observar no sólo la imagen que hemos
construido externamente, en los abismos profundos del ser –la imagen de la
raza, de la cultura, la perspectiva histórica de la imagen que tenemos de nosotros
mismos.
Debemos de observar, pues, no solo en
el nivel consciente, sino también en el nivel oculto, en los lugares más
recónditos de nuestra propia mente.
Parte de nuestro trabajo consiste en
averiguar cómo mirar lo inconsciente,
pero no a través de sueños, ni por medio de la intuición, porque su intuición
puede ser su anhelo, su deseo, su esperanza oculta.
Tenemos que darnos cuenta, no solo de
las cosas externas, sino también del movimiento
interno de la vida, del movimiento interno de los deseos, motivos
ansiedades, temores, sufrimientos.
Desde luego, darnos cuenta sin
elección es darnos cuenta del color de la ropa que alguien usa, sin decir me
gusta, o no me gusta, sino simplemente observar; mientras estamos sentados en
algún lugar debemos de observar el
movimiento de nuestro propio sentimiento, sin condenar, sin justificar, sin
elegir.
Cuando miramos de ese modo vemos que
no existe el observador. dado que, el
observador es el censor, que depende del pasado, y cuando el pasado mira, es
inevitable que separe, condene o justifique un hecho o una acción
determinada.
Los seres
humanos vivimos en el pasado, porque el pasado siempre está dirigiendo y
moldeando el presente y el futuro. Los “recuerdos” del pasado lo obligan a
actuar de esta o de aquella manera, sin que nos demos cuenta.
Por lo tanto, vivir en el pasado es
estar libre del tiempo; y cuando usted dice si, está introduciendo el tiempo. Y
el tiempo constituye el más grande sufrimiento.
Nuestro problema es no dividir, sino ver la totalidad, no ver un fragmento
en particular como lo consciente o como lo inconsciente. El ver la totalidad es una de las cosas más difíciles de hacer,
mientras que ver un fragmento es bastante fácil. Para ver algo como un
todo, lo cual significa verlo cuerdamente, sanamente, completamente, no podemos
mirar desde un centro – el centro se manifiesta como el yo, el tú, el ellos, el
nosotros.
A menos que la mente (la psiquis humana) este absolutamente libre del temor,
toda clase de acción engendra más perjuicio, mas desdicha, más confusión.
Para aprender tiene que haber libertad, un gran interés, y tiene
que haber intensidad, pasión y urgencia. No puede aprender si les falta
pasión o energía para investigar. Si
existe cualquier clase de prejuicio, cualquier predisposición de agrado o
desagrado, de condenación, no es posible aprender, porque entonces uno
meramente distorsiona lo que observa.
A menos que la mente esté absolutamente libre del temor, toda acción genera más
perjuicio, más desdicha, más confusión. En cuanto sea posible debemos de
aprender a observarnos a sí mismos. Aunque cabe destacar que, es necesario
estar alerta de la imaginación, la
fantasía, la importancia personal y el diálogo interior. Debido a que todos
estos son herramientas de la mente, que utiliza para tener el control y el
dominio en nosotros.
Temores físicos y psicológicos
Existen diversas formas de temores
psicológicos, por ejemplo, –miedo a la muerte, miedo a la sociedad, miedo a no
ser respetable, miedo a lo que gente pueda decir, miedo a la oscuridad, etcétera.
Todos nosotros funcionamos desde un centro de miedo, ansiedad, codicia,
placer, desesperación, esperanza, dependencia, ambición, comparación –desde ese
centro pensamos y actuamos.
Nuestros dioses, nuestras iglesias,
nuestra moral se basan en el miedo, y para comprender eso tenemos que
comprender cómo surge ese miedo. Hemos hecho algo en el pasado y no queremos
que otro lo descubra. Esa es una forma de temor. De manera que tenemos miedo
del pasado y del futuro.
El miedo surge cuando el pensamiento (recuerdo, memoria) mira
atrás a las cosas que han ocurrido en el pasado, o a los acontecimientos que
puede que ocurran en el futuro. El pensamiento es responsable de esto.
Los seres humanos, estamos llenos de
creencias, supersticiones, todo ello porque estamos llenos de temor, y todo es
producto del pensamiento y de la imaginación. El pensamiento es el que crea y sostiene el miedo del ayer y del
mañana, y el pensamiento alienta también el placer.
El pensamiento es obviamente la
respuesta de la memoria, si no tuviéramos memoria no habría pensamiento. De
manera que el pensamiento no sólo engendra y sostiene el miedo, el placer y el
dolor, sino que el pensamiento es también necesario para funcionar y actuar
eficientemente.
El proceso total del presente nunca
es libre porque tiene sus raíces en el
pasado, el pensamiento nunca es nuevo. No hay libertad en la selección
porque el pensamiento está funcionando cuando seleccionamos. El pensamiento
tiene que ser utilizado eficientemente, objetivamente, sin sentimiento o
emoción alguna.
Desde la niñez se nos educa para ser
católicos, protestantes, americanos, o lo que sea. Somos el resultado de propaganda repetida y nosotros continuamos
repitiéndola. Somos seres humanos de segunda mano.
Para comprender todo esto, uno tiene que observarse a sí mismo. Uno es el resultado del
mundo; uno es un ser humano que forma parte de otros seres humanos, quienes
tienen los mismos problemas, es decir problemas humanos.
En el momento que logremos comprender
las causas de nuestros conflictos externos entonces podrá uno vivir como un ser
humano total, sin jamás hacer daño alguno. En una dicha interminable, con
comprensión y un conocimiento verdadero. Cada palabra que salga de nuestro ser
será como un canto de las aves en el paraíso.
Por lo tanto, sólo cuando
comprendamos el problema del temor en su totalidad, no sustentamos creencia
alguna, se la que sea. Entonces la mente humana es feliz y funciona sin
distorsión y, por lo tanto, hay gran júbilo, y de ello nace el éxtasis.
Recordemos, que la naturaleza de la mente humana, es estar llena de deseos, llena
de pensamientos que generan sentimientos y emociones. La mente está siempre moviéndose
de un sitio a otro sin parar nunca sin darnos cuenta de ello.
Uno tiene que comprender y aceptar,
que la mente humana parlotea, porque la mente pasa de una cosa a otra
continuamente, es decir, nunca cesa o para de estar procesando pensamientos,
recuerdos de situaciones que han sucedido.
Tenemos muchas experiencias todo el
tiempo. Cada experiencia deja una huella;
esas huellas se van fortaleciendo día tras día y se convierten en la imagen.
Tan pronto alguien nos insulta, ya hemos formado una imagen del otro. O si
alguien nos adula, otra vez se forma una imagen.
Tenemos que preguntar lo siguiente:
¿Cómo son construidas esas imágenes, y cómo son creadas, por qué deben existir
y lo que significa vivir sin esas imágenes?
Que sería la vida humana en la que no
haya imágenes, fórmulas,
representaciones que significaría vivir sin ellas. Alguna ocasión se ha puesto
a pensar en esto. Para que una imagen cese, tenemos que comprender primero cómo
se forma, es decir, sino reaccionamos
emocionalmente, entonces no se forma imagen alguna.
Si cambias las ideas de los patrones
cognitivos y afectivos, cambias los estados emocionales, es decir, las
siguientes emociones: histeria, enojo, ira, depresión, tristeza, ansiedad,
preocupación, autoconcepto, etcétera.
En virtud que, producen un estado emocional el cual se
manifiesta en cargas psíquicas o emocionales, y existe mayor probabilidad de construir
y transformar la realidad inmediata y
circundante, y así de esta manera, se logra
acceder a la felicidad y la alegría que siempre han estado cerca de
nosotros.
Lo que cada uno de los seres humanos pensamos y sentimos, es lo más importante.
Por lo tanto, a cada instante se producen, construyen y proveen pensamientos y
sentimientos importantes.
Si somos el resultado de nuestros pensamientos y sentimientos
(procesos cognitivos y afectivos), entonces se puede mencionar que los pensamientos y sentimientos (procesos
cognitivos y afectivos) guían nuestra
forma de ser y nuestro destino (personalidad, carácter,
comportamiento, conducta, etcétera)
manifestados a través de decisiones y
acciones cotidianas.
¿Qué tipos de pensamientos y
sentimientos (procesos cognitivos y afectivos) son importantes para construir y generar diariamente la realidad cotidiana que nos permita
comprender y aceptar la felicidad y la alegría que la existencia proporciona?
Todas las cosas o eventos, que se
manifiestan las atraemos por nosotros mismos, a través de nuestros pensamientos
y sentimientos (procesos cognitivos y afectivos positivos o negativos), por
ello, es importante reconocer que los
pensamiento y sentimientos se transforman y se manifiestan en hechos cotidianos,
es decir, en cosas o sucesos diarios.
Cuando estas imaginando algo, estas
activando los deseos o intenciones a través de pensamientos (procesos
cognitivos) y estos atraen y construyen una determinada realidad.
Por ello, cuando enfocas o intencionas algo con gran intensidad y además, lo visualizas como si ya existiera,
entonces esa gran pasión y entrega hacen que las cosas o eventos se
materialicen y suceden con mayor rapidez.
Por ello, es muy importante que con
aquello que deseas intensamente seas muy prudente. Ya que todas las cosas que imaginas como deseos, anhelos y necesidades
en cualquier momento determinado pueden manifestarse o construirse.
¿Cómo puede la vida emocional y
cognitiva influir en las acciones y actividades cotidianas de una persona?
¿De qué manera influyen los
pensamientos y sentimientos de una persona en la construcción de la realidad
cotidiana e inmediata?
El origen de todos los problemas del
ser humano son las cargas emocionales, los pensamientos habituales, es decir, la
historia personal que cargamos consigo desde nuestra primera infancia
(niñez).
El miedo siempre existe en relación
con algo, es decir, no existe por sí mismo. Hay temor de lo que ocurrió
(experiencia) ayer en relación con la posibilidad de que se repita mañana.
Si alguien tuvo dolor; existe el
recuerdo (sensación) de ello y no quiere que se repita mañana. El pensar en el
dolor de ayer, pensamiento que encierra el miedo de volver a sentir dolor
mañana.
De manera que es el pensamiento
(procesos cognitivos: memoria, imaginación, percepción, etcétera) el que genera
y construye el miedo y los sentimientos o emociones en una persona con la ayuda
de la imaginación y las fantasías.
El pensamiento engendra el temor
(sentimiento de miedo), el pensamiento cultiva también el placer. El
pensamiento a través del recuerdo fortalece los hábitos.
La idea, la
imagen
son representaciones o medios, que permiten guardar recuerdos o experiencias en
nuestro cerebro, producto de las sensaciones o impresiones que hemos recibido
por medio de los órganos sensoriales.
¿Cuál es la función del pensamiento?
¿Cómo se forma el pensamiento, es
decir, cuál es la estructura del pensamiento?
La memoria mediante el
pensamiento y el diálogo interior alimenta y fortalece el miedo, el temor y
todas las actividades cotidianas (sentimientos y emociones).
La memoria es el almacén de todos los objetos y de todas las
experiencias que ha pasado a través de los órganos sensoriales (mediador) en un
sujeto.
¿De qué manera influyen los órganos
sensoriales en la decodificación y construcción de la realidad?
¿De qué depende la percepción en la
descripción de la realidad?
¿De qué manera influyen las emociones
y sentimientos en la construcción y generación de la realidad inmediata en una
persona?
¿Por qué y para qué el censor o
analizador, juzga, evalúa, condena y justifica?
En el momento en que nombramos a
través de conceptos algo, lo dividimos, lo fragmentamos, lo apartamos de la
totalidad. Nos alejamos de lo que es.
Para observar, por ejemplo el miedo
tiene que prestarle atención y cuando está en atención no condena, no juzga, ni
evalúa, sino que sencillamente observa.
La fuente de la violencia es el “yo”,
el ego, el yo mismo. Es el contenido de
experiencias, que se guardan en el sector de la mente conocido como
subconsciente. La mente utiliza las experiencias para controlar a la persona.
La violencia es una forma de energía,
es energía utilizada de tal manera que se convierte en agresión o ira. Por lo
tanto, debemos de tratar de ser conscientes de todos los actos cotidianos.
Sin que nos demos cuenta, a cada
momento siempre estamos traduciendo la realidad inmediata presente en términos
del pasado. Vivimos en el pasado.
Tenemos la imagen de uno mismo o como
algo que consideramos deseable, que vale la pena; y usted está insultando esa
imagen.
Esa imagen, que es lo viejo, es la que responde constantemente en cada
ámbito de la vida sin que nos percatemos de ello. El contenido psicológico del
subconsciente controla nuestra vida, y provoca constantemente conflictos.
¿De dónde proviene La frustración y
la amargura en una persona?
Desde la niñez aprendimos a sentirnos
culpables y con vergüenza sobre algunas conductas. Por lo tanto, cuando las
reprimimos están producen frustración y amargan constantemente nuestros estados
de ánimo por más placenteros que estos sean, siempre estamos insatisfechos de
lo que hacemos y logramos.
Toda nuestra vida está condicionada y
construida a partir de todas las experiencias, sentimientos, emociones y
pensamientos pasados. Generalmente muchos de ellos son de origen negativo. Todo
este contenido psicológico forma parte del inventario personal que cargamos con
nosotros desde la primera infancia.
Por lo tanto, el origen de todos los
problemas del ser humano son las cargas emocionales, los pensamientos habituales,
es decir, la historia personal (el
contenido de la mente, los recuerdos, todo aquello que no hemos olvidado). El
pasado que cargamos con nosotros, nos agobia y nos cansa sin que nos demos
cuenta de esta situación, nos roba la energía que ocupamos para ver el presente
con ojos nuevos y frescos.
Únicamente hasta que no hayamos
depuesto todo este material psicológico, fuera de nuestro interior, sólo
entonces seremos libres y dejaremos de ser esclavos de las circunstancias
externas. Dejaremos ser esclavos de nuestras pasiones y deseos que durante
mucho tiempo nos han acompañado sin darnos cuenta de ello.
Cada persona acarrea, un viejo cubo
lleno de agua. después de los 15 años en adelante, se hace cada vez más pesado, y si una persona lograr vivir hasta los 80 o 90 años entonces sera una gran carga. La mente humana es el viejo cubo, y los pensamientos representan
al agua, ya toda sucia y sin oxígeno.
En este día, y en esta hora te invito para que tomes conciencia de tu existencia, y tomes una acción ahora mismo, y esta acción concreta permita dar un nuevo rumbo a tu vida y de saque del aburrimiento en el que cae la totalidad de las personas.
Ramón Ruiz Limón
Investigador en ciencias de la Educación, Salud, Psicología y Filosofía de la ciencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario