Introducción
Desde la más remota antigüedad, el ser humano, sin lugar a
dudas, ha preguntado en algún momento de su vida, ¿cómo fue creado el Planeta Tierra y todo cuanto hay en él
(plantas, animales, el ciclo hidrológico del agua, las estaciones del año, el
movimiento de traslación y rotación del planeta tierra, el sol, las estrellas,
la lunas, las constelaciones y todo cuanto existe en el Universo, es decir, las
diferentes formas de la materia y la energía), sin dejar a un lado al hombre; quién lo creó y hace cuánto fue creado?
¿Quién y cómo fue
creado el ser humano?
Entonces dijo Dios:
Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y
señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en
toda la tierra y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dio lo creó;
varón y hembra, los creó. (Génesis 1: 26-27).
Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que
estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.
Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y
el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová entre los árboles
del huerto. (Génesis 3:
7-8).
Y dijo Jehová Dios: he aquí el hombre es como uno de
nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y
tome también el árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.
Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la
tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del
huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos
lados, para guardar el camino del árbol de la vida. (Génesis 3: 22-24).
Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse
sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios
(ángeles caídos) que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí
mujeres, escogiendo entre todas.
Y dijo Jehová: no contenderá mi espíritu con el hombre para
siempre, porque ciertamente él es carne; más serán sus días ciento veinte años.
Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también
después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron
hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de
renombre.
Y vió Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la
tierra, y que todo designio de los pensamientos
del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.
Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y
le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: raeré de sobre la faz de la tierra a los
hombres que le creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las
aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos creado.
Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová. (Génesis 6: 1-7).
Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra
llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida;
porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.
Dijo, pues, Dios a Noé: he decidido el fin de todo ser,
porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los
destruiré con la tierra. (Génesis
6: 11-13).
Más estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú,
tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos. Y toma contigo de todo
alimento que se come, y almacénalo, y servirá de sustento para ti y para ellos.
(Génesis 6: 18 y 21).
El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no
tiene ninguna. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y
caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas
como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. (Isaías 40: 29-31).
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy
tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la
diestra de mi justicia. (Isaías
41: 10).
2.- JESÚS DE NAZARET ES
LLEVADO AL DESIERTO Y TENTADO POR SATANÁS.
En un libro muy antiguo, conocido como la Santa Biblia reina
Valera 1960, dice lo siguiente: Jesús,
lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al
desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada
aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre.
Entonces el diablo le dijo: Si eres hijo de Dios, dí a esta
piedra que se convierta en pan. Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No
sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra de Dios.
Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un
momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda
esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a
quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos.
Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque
escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.
Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del
templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; porque escrito
esta: A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden, y, en las manos te
sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra.
Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor
tu Dios. Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un
tiempo. (Lucas 4: 1-12).
3.- EL QUERUBÍN
PERFECTO QUE FUE DESTERRADO DEL CIELO POR SU MALDAD: Satanás.
Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay
de los moradores de la tierra y del mar porque el diablo ha descendido a
vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo¡ (Apocalipsis 12:12).
Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo del hombre, di al
príncipe de Tiro: Así ha dicho Jehová el Señor: por cuanto se enalteció tu o corazón,
y dijiste: yo soy un dios, en el trono de Dios estoy sentado en medio de los
mares (siendo hombre y no Dios), y has puesto tu corazón como corazón de Dios;
he aquí que tú eres más sabio que Daniel; no hay secreto que te sea oculto.
Con tu sabiduría y con tu prudencia has acumulado riquezas, y
has adquirido oro y plata en tus tesoros. Con la grandeza de tu sabiduría en
tus contrataciones has multiplicado tus riquezas; y a causa de tus riquezas s
ha enaltecido tu corazón.
Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: por cuanto pusiste tu corazón como corazón de Dios, por tanto, he
aquí yo traigo sobre ti extranjeros, los fuertes de las naciones, que
desenvainarán sus espadas contra la hermosura de tu sabiduría, y mancharán tu
esplendor.
Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre,
levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: así ha dicho Jehová el Señor: tú
eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura.
En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra
preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y
ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles u
flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación.
Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte
de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto
eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.
A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de
iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de
entre las piedras del fuego, oh querubín protector.
Se enalteció tu corazón
a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojé por
tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti.
Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus
contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de
ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de
todos los que te miran.
Todos lo que te conocieron de entre los pueblos se
maravillarán sobre ti; espanto serás, y para siempre dejarás de ser. (Ezequiel 28: 1-19).
3.- EL VERBO SE HIZO
CARNE Y VIVIÓ ENTRE NOSOTROS COMO HOMBRE.
Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame
de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.
La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides
a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se
tratan entre sí. Respondiendo Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y
quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua
viva.
La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo
es hondo. ¿De dónde, pues, tiene el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro
padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus
ganados?
Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta
agua, volverá a tener sed; más el que bebiere del agua que yo le daré, no
tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua
que salte para vida eterna.
La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo
sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá.
Respondiendo la mujer
y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido.
Porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; eso has
dicho con verdad.
Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.
Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el
lugar donde se debe adorar.
Jesús le dijo. Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en
este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no
sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los
judíos.
Más la hora viene, y ahora es, cuando los Verdaderos
Adoradores Adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre
tales adoradores busca que le adoren.
Dios es Espíritu, y los que le adoran, en espíritu y en
verdad en necesario que adoren.
Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el
Cristo, cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy,
el que habla contigo.
En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que
hablaba con una mujer, sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? O, ¿Qué
hablas con ella? Entonces la mujer dejo el cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a
los hombres; venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho, ¿No
será éste el Cristo? Entonces salieron de la ciudad y vinieron a él.
Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.
Él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. Entonces
los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrán traído alguien de comer?
Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me
envió, y que acabe su obra. (Juan 4: 7-34).
Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin
camino, sin hallar ciudad en donde vivir. Hambrientos
y sedientos, su alma desfallecía en ellos. Entonces clamaron a Jehová en su
angustia, y los libró de sus aflicciones.
Los dirigió por camino derecho, para que viniesen a ciudad
habitable. Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los
hijos de los hombres. Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien el alma
hambrienta.
Algunos moraban en tinieblas y sombra de muerte, aprisionados
en aflicción y en hierros. Por cuanto fueron rebeldes a las palabras de Jehová,
y aborrecieron el consejo del Altísimo.
Por eso quebrantó con el trabajo sus corazones; cayeron, y no
hubo quien los ayudase. Luego que
clamaron a Jehová en su angustia, los libró de sus aflicciones; los sacó de
las tinieblas y de la sobra de la muerte, y rompió sus prisiones.
Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con
los hijos de los hombres. Porque quebrantó las puertas de bronce, y desmenuzó
los cerrojos de hierro.
Fueron afligidos los insensatos, a causa del camino de su
rebelión y a causa de sus maldades; su alma abominó todo alimento, y llegaron
hasta las puertas de la muerte. Pero clamaron a Jehová en su angustia, y los
libró de sus aflicciones.
Envió su Palabra, y los sanó, y los libro de su ruina. Alaben
la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres.
Ofrezcan sacrificios de alabanza, y publiquen sus obras con júbilo. (Salmos 107: 4-22).
4.- LA VIDA DEL REY
SAÚL Y DE DAVID: dos
ungidos por Jehová.
Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de Adulam; y
cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él.
Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que
estaba endeudado, y todos los que se hallaban
en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como
cuatrocientos hombres.
Y se fue David de allí a Mizpa de Moab, y dijo al rey de
Moab: Yo te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros, hasta que sepa lo
que Dios hará de mí.
Los trajo, pues, a la presencia del rey de Moab, y habitaron
con él todo el tiempo que David estuvo en el lugar fuerte. Pero el profeta Gad
dijo a David; No te estés en este lugar fuerte; anda y vete a tierra de Judá. Y
David se fue, y vino al bosque de Haret. (1 Samuel 22:1-5).
Entonces Doeg edomita, que era el principal de los siervos de
Saúl, respondió y dijo: Yo vi al hijo de Isaí que vino a Nob, a Ahimelec hijo
de Ahitob, el cual consultó por él a Jehová y le dio provisiones, y también le
dio la espada de Goliat el filisteo.
Y el rey (Saúl) envió por el sacerdote Ahimelec hijo de
Ahitob, y por toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob; y
todos vinieron al rey. Y Saúl le dijo: Oye ahora, hijo de Ahitob. Y él dijo:
Heme aquí, señor mío.
[…] Volveos y matad a los sacerdotes de Jehová; porque
también la mano de ellos está con David, pues sabiendo ello que huía, no me lo
descubrieron. Pero los siervos del rey no quisieron extender sus manos para
matar a los sacerdotes de Jehová.
Entonces dijo el rey a Doeg: Vuélvete tú, y arremete contra
los sacerdotes. Y se volvió Doeg el edomita y acometió a los sacerdotes, y mató
en aquel día a ochenta y cinco varones que vestían efod de lino.
Y a Nob, ciudad de sacerdotes, hirió a filo de espada; así a
hombres como a mujeres, niños y hasta los de pecho, bueyes, asnos y ovejas,
todo lo hirió a filo de espada.
Pero uno de los hijos de Ahimelec hijo de Ahitob, que se
llamaba Abiatar, escapó, y huyó tras David. Y Abiatar dio aviso a David de cómo
Saúl había dado muerte a los sacerdotes de Jehová. (1 Samuel 22:1-5, 9-12, 17-19 y
21-22).
David entonces se levantó contra sus hombres, que eran como
seiscientos, y salieron de Keila, y anduvieron de un lugar a otro. Y vino a
Saúl la nueva de que David se había escapado de Keila, y desistió de salir.
Y David se quedó en el desierto en lugares fuertes, y
habitaba en un monte en el desierto de Zif; y lo buscaba Saúl todos los días,
pero Dios no lo entregó en sus manos.
Viendo, pues, David que Saúl había salido en busca de su
vida, se estuvo en Hores, en el desierto de Zif. Entonces se levantó Jonatán
hijo de Saúl y vino a David a Hores, y fortaleció su mano en Dios.
Y le dijo: No temas,
pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y
yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe. Y ambos
hicieron pacto delante de Jehová; y David se quedó en Hores, y Jonatán se
volvió a su casa. (1
Samuel 23: 13-18).
Si temiereis a Jehová y le
sirviereis, y oyeres su voz, y no fuereis Rebeldes a la Palabra de Jehová, y si
tanto vosotros como el rey que reina sobre vosotros servís a Jehová vuestro
Dios, haréis bien.
Más si no oyereis la voz de Jehová, y
si fuereis Rebeldes a la Palabra de Jehová, la mano de Jehová estará contra
vosotros como estuvo contra vuestros padres. (1 Samuel 12: 14-15).
No os apartéis en pos de Vanidades que no aprovechan ni
libran, porque son vanidades. Pues Jehová no desamparará a su pueblo, por su grande
nombre; porque Jehová ha querido haceros pueblo suyo.
Solamente temed a Jehová y servidle de verdad con todo
vuestro Corazón, pues, considerad cuán grandes cosas ha hecho por vosotros.
Más si perseverareis en hacer mal, vosotros y vuestro rey
perecerá. (1 Samuel 12:
21-22. Y 24-25).
5.- ¿EN QUIÉN DEBEMOS
PONER LA CONFIANZA Y A QUIÉN DEBEMOS OFRECER NUESTROS PROYECTOS DE VIDA?
Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre. Mejor es
confiar en Jehová que confiar en príncipes. (Salmos 118: 8-9).
Bienaventurados los
perfectos de camino,
los que andan en la Ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus
testimonios, y con todo corazón le buscan; pues no hacen iniquidad los que
andan en sus caminos.
¿Con qué limpiará el
joven su camino? Con
guardar tu Palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no me dejes desviarme de
tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra
ti. En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos.
De todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu Palabra.
Lámpara es a mis pies tu Palabra, y Lumbrera a mi camino. Juré y ratifiqué que
guardaré tus justos juicios. (Salmos 119:1-3, 9-11 y 15, 101 y
105-106).
El rey David, es ungido por el profeta Samuel, y luchó contra
el gigante filisteo llamado Sansón. Después de golpear la cabeza de este con la
piedra y una honda y por supuesto, con la ayuda de Jehová Dios es considerado
un hombre de valor.
Sin embargo, su valentía hace despertar en el rey Saúl la
envidia y este comienza a rechazarlo e inclusive desea la muerte de David. Al
darse cuenta de esta actitud por parte de Saúl, David decide huir y se va a
refugiar a la cueva con los cuatrocientos.
Desde los veinte años hasta los veintinueve años, David se la
paso huyendo de Saúl y finalmente, cuando Saúl es asesinado y toda su familia,
David es propuesto como rey para gobernar
Judá y Jerusalén.
A los treinta años comenzó su reinado, y reinó durante
cuarenta años, a los sesenta años durmió, y le sucedió en su reino su hijo
Salomón, este también gobernó cuarenta años, y después de él, el reino se
dividió tal como lo había anunciado Jehová Dios, esto debido a que el rey
Salomón se desvió de cumplir con los estatutos, decretos y mandamientos que
Jehová les había prescrito, puesto que, este tuvo mil mujeres, y la gran
mayoría de ellas provenían de otros pueblos que adoraban a ídolos.
Y pondré mi Espíritu en
vosotros, y
viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová
hablé, y lo hice, dice Jehová.
Y haré con ellos pacto de paz, pacto perpetuo será con ellos;
y los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para
siempre. Estaré en medio de ellos mi tabernáculo, y seré a ellos por Dios, y
ellos me serán por pueblo.
Y sabrán las naciones que yo Jehová santifico a Israel,
estando mi santuario en medio de ellos para siempre. (Ezequiel 37: 14, 26-28).
Porque todos los ojos de Jehová contemplan toda la tierra,
para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él.
[…]. (2 Crónicas 16: 9).
Si tú dispusieres tu corazón, y extendieres a él (Jehová
Dios) tus manos; si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echares de ti, y
no consintieres que more en tu casa la injusticia.
Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha, y serán
fuerte, y nada temerás; y olvidarás tu miseria, o te acordarás de ella como de
aguas que pasaron.
La vida te será más clara que el mediodía; aunque
oscureciere, será como la mañana. Tendrás confianza, porque hay esperanza;
mirarás alrededor, y dormirás seguro.
Te acostarás, y no habrá quien te espante; y muchos
suplicarán tu favor. (Job
11: 13-19).
6.- Con Dios está la
sabiduría y el poder, suyo es el consejo y la inteligencia.
Si el derriba, no hay quien edifique; encerrará al hombre, y
no habrá quien abra. Si él detiene las aguas, todo se seca; se las envía,
destruyen la tierra. Con él está el poder y la sabiduría; suyo es el que yerra,
y el que hace errar.
El hace andar despojados de consejo a los consejeros, y
entontece a los jueces. El rompe las cadenas de los tiranos, y les ata una soga
a sus lomos. El lleva despojados a los príncipes, y trastorna a los poderosos.
Priva de habla a los que dicen verdad, y quita a los ancianos
el consejo. El quita el entendimiento a los jefes del pueblo de la tierra, y
los hace vagar como por yermo sin camino.
Van a tientas, como en tinieblas y sin luz, y los hace errar
como borrachos. (Job 12:
13- 25).
Cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti en
las vigilias de la noche. Porque has sido mi socorro, y así en la sombra de tus
alas me regocijaré. Está mi alma apegada a ti; tu diestra me ha sostenido. (Salmos 63: 6-8).
La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de
Jehová sopló en ella: ciertamente como hierba es el pueblo. Sécase la hierba,
marchítese la flor; más la Palabra de Dios nuestro permanece para siempre. (Isaías 40: 7-8).
Él está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos
moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los
despliega como una tienda para morar.
El convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan la tierra
hace como cosa vana.
(Isaías 40: 22-23).
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy
tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la
diestra de mi justicia. (Isaías
41: 10).
He aquí que todos los que se enojan contra ti serán
avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden
contigo. Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los hallarás; serán
como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra.
Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano
derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.
No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel;
yo soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu Redentor.
He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno
de dientes; trillarás montes y los molerás, y collados reducirás a tamo.
Los aventarás, y los llevará el viento, y los esparcirá el
torbellino; pero tú te regocijarás en Jehová, te gloriaras en el Santo de
Israel. (Isaías 41:
11-16).
Los afligidos y menesterosos buscaran las aguas, y no las
hay, seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel, no
los desampararé.
En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles;
abriré en el desierto estanque de aguas, y manantiales de aguas en la tierra
seca. (Isaías 41:
17-18).
Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los
despliega; el que extiende la tierra y sus productos, el que da aliento al
pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan:
Yo Jehová te he llamado en justicia y
te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por la
luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de
la cárcel a los presos, y de casa de prisión a los que moran en tinieblas.
Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni
mi alabanza a esculturas. (Isaías 42: 5-8).
Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré
andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las
tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los
desampararé.
Serán vueltos atrás y en extremo confundidos los que confían
en ídolos, y dicen a las imágenes de fundición: vosotros sois nuestros dioses. (Isaías 42: 16-17).
Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria
de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra,
y oscuridad las naciones; más sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista
su gloria.
Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de
tu nacimiento. (Isaías
60: 1-3).
El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió
Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los
quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos
apertura de la cárcel, a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el
día de venganza del Dios nuestro.
A consolar a todos los enlutados, a ordenar que a los
afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de
luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados
árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.
Y vosotros seréis llamados “sacerdotes de Jehová”, ministros de nuestro Dios seréis
llamados; comeréis las riquezas de las naciones, y con su gloria seréis
sublimes. (Isaías 61:
1-3, y 6).
Si dijeres en tu corazón; ¿Por qué me ha sobrevenido esto?
Para la enormidad de tu maldad fueron descubiertas tus faldas, fueron
desnudados tus calcañares.
Reconocemos, oh Jehová, nuestra impiedad, la iniquidad de
nuestros padres; porque contra ti hemos pecado.
Por amor a tu nombre no nos deseches, ni deshonres tu
glorioso trono, acuérdate, no invalides tu pacto con nosotros. (Jeremías 13:22 y 14: 20-21).
Jehová es mi Pastor; nada me faltará. En lugares de delicados
pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Conformará mi
Alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
Aunque ande en Valle de Sombra de Muerte[1], no
temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu Vara y tu Cayado me infundirán
aliento. (Salmo 23:
1-4).
¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar
santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su Alma a
cosas Vanas, ni jurado con engaño.
El recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de
salvación. (Salmos 24:
3-5).
Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus Sendas. Encamíname en tu Verdad, y
enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el
día.
Acuérdate, oh Jehová, de tus piedades y de tus misericordias,
que son perpetúas. De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te
acuerdes; conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad, oh Jehová.
(Salmos 25: 4-7).
¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el
camino que ha de escoger. Gozará él de bienestar, y su descendencia heredará la
tierra.
La comunión íntima de Jehová es con los que temen, y a ellos
hará conocer su pacto. Mis ojos están siempre hacia Jehová, porque él saciará
mis pies de la red. (Salmos
25: 12-15).
7.- Un ejemplo de la
ayuda que Jehová proporciona a sus siervos.
Dieron aviso a David, diciendo: He aquí que los filisteos
combaten a Keila, y roban las eras. Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Iré a
atacar a estos filisteos? Y Jehová respondió a David: Ve, ataca a los
filisteos, y libra a Keila.
Pero los que estaban con David le dijeron: He aquí que
nosotros aquí en Judá estamos con miedo, ¿cuánto más si fuéremos a Keila contra
el ejército de los filisteos?
Entonces David volvió a consultar a Jehová. Y Jehová le
respondió y dijo: Levántate, desciende a Keila, pues, yo entregaré en tus manos
a los filisteos.
Fue, pues, David con sus hombres a Keila, y peleó contra los
filisteos, se llevó sus ganados, y les causó una gran derrota; y libró David a
los de Keila. (1 Samuel
23: 1-5).
Como el siervo brama
por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios
vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? (Salmos 42:1-2).
Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y
por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto
todos pecaron. Pues, antes de la ley,
había pecado en el mundo; pero donde no hay ley no se inculpa de pecado.
No obstante, reinó la
muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la
transgresión de Adán, el cual es la figura del que había de venir.
Pero el don no fue como la transgresión, porque ni por la transgresión
de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la Gracia
y el Don de Dios por la Gracia de un hombre, Jesucristo.
Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó;
porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación,
pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. (Romanos 5: 12-16).
Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte,
mucho más reinarán en vida por uno solo. Jesucristo, los que reciben la abundancia
de la Gracia y del Don de la Justicia.
Así que, como por la transgresión de uno vino la Condenación
a todos los hombres, de la misma manera por la Justicia uno vino a todos los
hombres, la justificación de vida.
Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; más
cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el Pecado
reinó para muerte, así también la Gracia reine por la justicia para vida eterna
mediante Jesucristo, Señor Nuestro. (Romanos 5: 17-21).
Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el
bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del
Padre, así también nosotros andemos en Vida Nueva.
Porque fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de
su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección, sabiendo esto, que nuestro Viejo Hombre fue crucificado
juntamente con él, para que el
cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. (Romanos 6: 4-6).
Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas;
más en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al
pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus Concupiscencias; ni
tampoco presentéis vuestros miembros al
Pecado como instrumentos de Iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a
Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros en Dios como
instrumentos de justicia.
Porque el Pecado no se
enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la Ley, sino bajo la Gracia. ¿Qué,
pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En
ninguna manera.
¿No sabéis que si sometéis a alguien como esclavos para
obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del Pecado para Muerte, o sea de la Obediencia para Justicia?
Pero gracias a Dios, que aunque eráis esclavos del Pecado,
habéis obedecido de Corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis
entregados, y libertados del Pecado, vinisteis
a ser “siervos de la Justicia”.
Hablo como humano, por vuestra “humana debilidad” (mente carnal); que así como para iniquidad
presentasteis vuestros miembros para servir
a la Inmundicia y a la Iniquidad, así ahora para Santificación presentad
vuestro miembros para servir a la justicia.
Por cuanto erais
esclavos del Pecado, erais libres acerca de la Justicia. ¿Pero qué fruto
teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es Muerte.
Más ahora que habéis
sido libertados del Pecado y hecho siervos de Dios, tenéis por vuestro
fruto la Santificación, y como fin, la Vida Eterna. Porque la paga del Pecado es Muerte, más la dádiva de Dios es Vida Eterna en
Cristo Jesús, Señor nuestro. (Romanos 6: 10-23).
Porque siendo enemigos, fuimos
“reconciliados con Dios” por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos Salvos por
su vida.
Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el
Señor Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la Reconciliación. (Romanos 5: 10-11).
Porque mientras estábamos en la Carne, las Pasiones
Pecaminosas que eran por ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para
Muerte.
Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para
aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo
del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.
Porque sabemos que la ley es espiritual; más yo soy carnal,
vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que
quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.
Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es
buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el Pecado que mora
en mí.
Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne (la “mente carnal” está sujeta a las concupiscencias,
lascivia y pasiones del cuerpo), no
mora, el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.
Porque no hago el bien
que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no
lo hago yo, sino el Pecado que mora en
mí.
Así que, queriendo yo
hacer el bien, hallo esta ley: que el
mal está en mí. Porque según el “Hombre
Interior”, me deleito en la ley de Dios. (Romanos 7: 5-6).
¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?
¿No es de vuestras Pasiones, las
cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y andéis
de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que
deseáis, porque no pedís, pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en Vuestros Deleites.
¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del
mundo, se constituye enemigo de Dios.
¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en
nosotros nos anhela celosamente? (Santiago 4: 1-5).
Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo, y huirá de
vosotros. Acercaos a Dios, y él se
acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. (Santiago 4: 7-8).
Humillaos delante del Señor, y él os exaltará. (Santiago 4: 10).
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha
librado de la ley del pecado y de la muerte.
Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil
por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a
causa del Pecado, condenó al Pecado en la carne; para que la justicia de la ley
se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al
Espíritu.
Porque los que son de la carne
piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas
del Espíritu. Porque el ocuparse de la Carne (cuerpo) es Muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
Por cuanto los designios de la
Carne (el cuerpo y el mundo) son enemistad contra Dios; por que no se
sujetan a la Ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne (el cuerpo y el mundo) no pueden agradar a
Dios.
Más vosotros que no vivís según la Carne (Cuerpo y el mundo),
sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y su
alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está
muerto a causa del Pecado, más el Espíritu vive a causa de la Justicia, y si el
Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que
levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos
mortales por su Espíritu que mora en vosotros.
Así que, hermanos, deudores
somos, no a la Carne (el cuerpo y el mundo), para que vivamos conforme a la
carne (el cuerpo y al mundo); porque si vivís conforme a la carne (el cuerpo y
el mundo), moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir la obras de la carne
(el cuerpo y el mundo), viviréis.
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios,
éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para
estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por
el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
El Espíritu mismo da
testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también
herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con
él, para que juntamente con él seamos glorificados. (Romanos 8: 2-17).
9.- Las situaciones
difíciles (tribulaciones) o problemas templan el alma y espíritu.
Todos pasamos por momentos difíciles, bien sea por problemas
económicos, desempleo, enfermedades, adicciones, problemas en nuestros
matrimonios otras relaciones.
Estas situaciones nos oprimen y nos debilitan, por medio de
nuestros pensamientos, sentimientos y emociones, y nos causan dolor,
sufrimiento y angustia.
Sin que usted se dé cuenta, Jehová Dios no ignora su dolor,
todo lo contrario, él se preocupa genuinamente por usted y desea tener una
relación personal con usted para que pueda experimentar su amor y una paz
verdadera en su vida.
9.1.- El verdadero
problema
Lo que le preocupa o agobia hoy no es el verdadero problema,
sino la separación que existe entre usted y Dios, por causa del pecado, bien
sean los tipos de pensamientos, palabras y acciones erradas.
Usted fue creado para tener una relación íntima y personal
con Jehová Dios, su creador, pero la Biblia dice que todos somos pecadores y
por eso estamos lejos de Dios (Romanos 3:23). Es por esto, que no puede
experimentar el amor de Dios en su vida. Mucho menos la dicha y la felicidad,
aunque tenga bienes.
Probablemente usted ha tratado de obtener la salvación
mediante sus propios esfuerzos, “siendo una buena persona”, tratando de hacer
más cosas buenas que malas, a través de la religión, etc.
Pero la Biblia dice que, somos
salvos únicamente por fe en Jesús, no por las buenas obras que hagamos. (Efesios 2: 8-9).
9.2.- La única solución
Dios nos ama, y por eso, ha provisto la solución al problema
del “pecado”, al enviar a su Hijo Jesucristo a morir en la cruz y pagar el
precio por nuestros pecados y darnos, el
regalo de la vida eterna. (Juan 3:13 y 15-21).
Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún
pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:8).
9.3.- El único camino
Jesús es el único camino a Dios. Jesús mismo, dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;
nadie viene al Padre, sino es por mí. (Juan 14:6).
La Biblia también nos dice, que Jesús es el único mediador
entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5), Jesús es el único intercesor, que el
hombre pecador necesita para ser
perdonado y acercarse a Dios.
Solo Jesús murió por nuestros pecados y resucitó para que
podamos tener una relación personal con Dios y pasemos, la eternidad con él en el cielo.
9.4.- Primer Paso
Si ha comprendido lo que leyó, y reconoce que es un “pecador”
y que solo por medio de Jesucristo, puede obtener
el perdón de sus pecados y el regalo de la vida eterna. Le invitamos a que
reciba a Cristo por fe a través de una pequeña oración como la siguiente:
Señor Jesús, reconozco que soy
pecador y te pido perdón por todos mis pecados. Gracias por morir en la cruz
por mis pecados y resucitar de los muertos para darme vida eterna.
Te invito a entrar a mi corazón y
rindo mi vida para ti para que seas mi Señor y Salvador. Gracias por perdonar
mis pecados y por darme vida eterna. Toma el control de mi vida. Hazme la
persona que tú quieres que sea. Amén.
Y este es el testimonio que Dios ha dado: él nos dio vida eterna, y esa vida está en
su Hijo. (1 Juan
5:11).
El que encubre sus
pecados no prosperará;
más el que los confiesa y se aparta,
alcanzará misericordia. Bienaventurado el hombre que siempre teme a Jehová:
más el que endurece su corazón caerá en
el mal. (Proverbios
28: 13-14).
Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un
monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de una
almud, sino sobre candelero, y alumbra a todos los que están en casa.
Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean
vuestras “buenas obras”, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (Mateo 5:14-16).
No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas;
no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que
hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde pasará de la ley,
hasta que todo se haya cumplido.
De manera que cualquiera que quebrante uno de estos
mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado
en el reino de los cielos; más
cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de
los cielos.
Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la
de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. (Mateo 5: 17-20).
Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, y él aprueba
su camino. Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, porque Jehová sostiene
su mano. (Salmos 37:
23-24).
Pero los mansos
heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz. (Salmos 37: 11).
Apártate del mal, y haz
el bien, y vivirás para siempre. Porque Jehová ama la rectitud, y no desampara a sus santos.
Para siempre serán guardados; más la descendencia de los impíos será destruida.
Los justos heredaran la tierra, y vivirán para siempre sobre ella. (Salmos 37: 27-29).
La boca del justo habla
sabiduría, y su lengua habla justicia. La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies
no resbalarán. (Salmos
37: 30-31).
Pero la salvación de los justos es de Jehová, y él es su
fortaleza en el tiempo de la angustia. Jehová los ayudará y los librará; los
libertará de los impíos, y los salvará, por cuanto en él esperaron. (Salmos 37: 39-40).
¿Por qué se da vida al hombre que no sabe por dónde ha de ir,
y a quien Dios he encerrado? (Job 4: 23).
Porque la aflicción no sale del polvo, ni la molestia brota
de la tierra. Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el
hombre nace para la aflicción. (Job 5: 6-7).
Ciertamente yo buscaría a Dios, y encomendaría a él mi causa;
el cual hace cosas grandes e inescrutables, y maravillas sin número; que da
lluvia sobre la faz de la tierra, y envía las aguas sobre los campos, que pone
a los humildes en altura, y a los enlutados levanta a seguridad.
Que frustra los pensamientos de los astutos, para que sus
manos no hagan nada, que prende a los sabios en la astucia de ellos, y frustra
los designios de los perversos.
De día tropiezan con tinieblas, y a mediodía andan a tientas
como de noche. Así libra de la espada al pobre, de la boca de los impíos, y de
la mano violenta; pues es esperanza al menesteroso, y la iniquidad cerrará su
boca.
He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga;
por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso.
Porque él es quién hace la llaga, y él la vendará; el hiere,
y sus manos curan. En seis tribulaciones te librará, y en la séptima no te
tocará el mal.
En el hambre te salvará de la muerte, y del poder de la
espada en la guerra. Del azote de la lengua será encubierto; no temerás la
destrucción cuanto viniere.
De la destrucción y del hambre te reirás, y no temerás de las
fieras del campo; pues aun con las piedras del campo tendrás tu pacto, y las
fieras del campo estarán en paz contigo.
Sabrás que hay paz en tu tienda; visitarás tu morada, y nada
te faltará. Asimismo echarás de ver que tu descendencia es mucha, y tu prole
como la hierba de la tierra.
Vendrás en la vejez a la sepultura, como la gavilla de trigo
que se recoge a su tiempo. He aquí lo que hemos inquirido, lo cual es así;
óyelo, y conócelo tú para tu provecho. (Job 5: 8-27).
Si tú de mañana
buscares a Dios, y
rogares al Todopoderoso, si fueres limpio y recto, ciertamente luego se
despertará por ti, y hará próspera la
morada de tu justicia.
Y aunque tu principio haya sido pequeño, tu postrer estado
será muy grande. (Job 8:
5-7).
Pues nosotros somos de ayer, y nada sabemos, siendo nuestros
días sobre la tierra como sombra. (Job 8: 9).
Él es sabio de corazón, y poderoso en fuerzas; ¿Quién se
endureció contra él, y le fue bien? El arranca los montes con su furor, y no
saben quién los trastornó; el remueve la tierra de su lugar, y hace temblar sus
columnas; él manda al sol, y no sale; y el sella las estrellas; el solo
extendió los cielos, y anda sobre las olas del mar.
El hizo la Osa, el
Orión y las Pléyades, y los lugares secretos del sur; él hace cosas grandes
e incomprensibles, y maravillosas, sin número. He aquí que él pasará delante de
mí, y yo no lo veré; pasará, y no lo entenderé.
He aquí, arrebatará; ¿quién le hará restituir? ¿Quién le
dirá’?: ¿Qué haces? (Job
9: 1-12).
10.- El poder de las
palabras (dichos de la boca y los labios) y la sabiduría.
Adquiere Sabiduría,
adquiere inteligencia; no te olvides ni te apartes de las razones de mi boca;
no la dejes, y ella te guardará; amala, y te conservará. Sabiduría ante todo;
adquiere sabiduría, y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.
Engrandécela, y ella te engrandecerá; ella te honrará, cuando
tú la hayas abrazado. Adorno de gracia dará a tu cabeza, corona de hermosura te
entregará. (Proverbios
4: 5-9).
El fruto del justo es árbol de vida… (Proverbios 11:30).
El bueno alcanzará favor de Jehová; más él condenará al hombre de malos pensamientos. (Proverbios 12: 2).
Los pensamientos de los
justos son rectitud;
más los consejos de los impíos, engaño. Las palabras de los impíos son
asechanzas para derramar sangre; más la boca de los rectos los librará. (Proverbios 12: 5-6).
Dios trastornará a los impíos, y no serán más; pero la casa
de los justos permanecerá firme. Según la sabiduría es alabado el hombre; más
el perverso de corazón será menospreciado. (Proverbios 12: 7-8).
El hombre será saciado
de bien del fruto de su boca; y le será pagado según la obra de sus manos. (Proverbios 12: 14).
Te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado
preso en los dichos de tus labios. (Proverbios 6: 2).
La tierra será enteramente vaciada, completamente saqueada,
porque Jehová ha pronunciado esta palabra. Se destruyó, cayó la tierra;
enferma, cayó el mundo; enfermaron los altos pueblos de la tierra.
Y la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque
traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno. (Isaías 24: 3-5).
Será quebrantada del todo la tierra, enteramente desmenuzada
será la tierra, en gran manera será la tierra conmovida.
Temblará la tierra como un ebrio, y será removida como una
choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se levantará.
Acontecerá en aquel día, que Jehová castigará al ejército de los cielos en lo
alto, y a los reyes de la tierra sobre la tierra.
Y serán amontonados como se amontona a los encarcelados en
mazmorra, y en presión quedarán encerrados, y serán castigados después de
muchos días. La luna se avergonzará, y el sol se confundirá, cuando Jehová de
los ejércitos reine en el monte de Sion y en Jerusalén, y delante de sus
ancianos sea glorioso. (Isaías
24: 19-23).
La hierba se seca, y la
flor se marchita,
porque el viento de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo.
Sécase la hierba, marchítase la flor; más la palabra del Dios nuestro permanece
para siempre. (Isaías
40: 7-8).
Él está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos
moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los
despliega como una tienda para morar.
El convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan
la tierra hace como cosa vana. (Isaías 40: 22-23).
¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el
cual creó los confines de la tierra? No desfallece; ni se fatiga con cansancio,
y su entendimiento no hay quien lo alcance. (Isaías 40: 28).
Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y
por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es
Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él. (Isaías 30: 18).
… y los extraviados de espíritu aprenderán inteligencia, y
los murmuradores aprenderán doctrina. (Isaías 29: 24).
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy
tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la
diestra de mi justicia. (Isaías
41:10).
Porque lo insensato de
Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los
hombres. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios
según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles.
Sino que lo necio del
mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió
Dios para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y menospreciado
escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se
jacte en su presencia. (Corintios
1: 25-29).
Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres
de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido
a los que le aman? (Santiago
2:5).
Hermanos míos, tened
por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de
vuestra fe produce paciencia. Más tenga la paciencia su obra completa, para
que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. (Santiago 1: 3-4).
Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed
sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo
se manifestado, como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes
teníais estando en vuestra ignorancia.
Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros
santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque
yo soy santo. (1 Pedro
1: 13-16).
Más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación
santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que
os llamó de las tinieblas a su luz admirable.
Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora
sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habías alcanzado misericordia, pero
ahora habéis alcanzado misericordia. (1 Pedro 2: 9-10).
Porque vosotros erais
como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al pastor y Obispo de
vuestras almas. (1 Pedro
2: 25).
Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los
muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en
espíritu según Dios. Más el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues,
sobrios, y velad en oración. (1 Pedro 4: 6-7).
Los tesoros de maldad no serán de provecho; más la justicia
libra de muerte. (Proverbios
10: 2).
Jehová no dejará padecer hambre al justo; más la iniquidad
lanzará a los impíos. La mano negligente empobrece; más la mano de los
diligentes enriquece. El que recoge en el verano es hombre entendido.
El que duerme en el tiempo de la siega es hijo que
avergüenza. Hay bendiciones sobre la cabeza del justo; pero violencia cubrirá
la boca de los impíos.
La memoria del justo será bendita; más el nombre de los
impíos se pudrirá. El sabio de corazón recibirá los mandamientos; más el necio
de labios caerá.
El que camina en integridad anda confiado; más el que
pervierte sus caminos será quebrantado. (Proverbios 10: 2-9).
Manantial de vida es la
boca del justo; pero
violencia cubrirá la boca de los impíos. El odio despierta rencillas; pero el
amor cubrirá todas las faltas. En los labios del prudente se halla la
sabiduría; más la boca del necio es calamidad cercana. (Proverbios 10: 11-14).
En las muchas palabras
no falta pecado; más el que refrena sus labios es prudente.
Plata escogida es la lengua del justo;
más el corazón de los impíos es como nada.
Más los necios mueren por falta de entendimiento. La
bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza en ella. (Proverbios 10: 19-22).
Del fruto de su boca,
el hombre comerá el bien; más el alma de los prevaricadores hallará el mal. El que guarda su boca guarda su alma; más el que mucho abre sus labios
tendrá calamidad. (Proverbios
13: 2-3).
Te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado
preso en los dichos de los labios. (Proverbios 6: 2).
Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en Palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.
He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos
para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves
(barcos, transatlánticos, submarinos, vehículos, etc.); aunque tan grandes, y
llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por
donde el que las gobierna quiere.
Así también la Lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de
grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!
Y la Lengua es un fuego, un mundo de maldad. La Lengua está puesta entre muchos
miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y
ella misma es inflamada por el infierno.
Porque toda naturaleza de bestias y de aves, y de serpientes,
y de seres del mar, se doma y ha sido
domada por la naturaleza humana, es decir, por el hombre. Este ha
domesticado a los animales por muy grandes o bravos que sean, han sido
sometidos por el hombre a través del tiempo.
Pero ningún hombre
puede domar la Lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de
veneno mortal. Con ella, bendecimos al Dios Padre, y con ella, maldecimos a
los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios.
De una misma boca
proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente
echa por una misma abertura agua dulce y amarga?
Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o
la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce. (Santiago 3: 2-12).
La soberbia del hombre le abate; pero el humilde de espíritu
sustenta la honra. El temor del hombre podrá lazo; más el que confía será
exaltado. (Proverbios
29: 23 y 25).
11.- La importancia de
guardar los mandamientos y buscar la Sabiduría.
Porque los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová,
y él considera todas sus veredas. (Proverbios 5: 21).
La obra del justo es para vida; más el fruto del impío es
para pecado. Camino de vida es guardar la instrucción; pero quien desecha la
reprensión, yerra. (Proverbios
10: 16-17).
El hombre rico es sabio en su propia opinión; más el pobre
entendido lo escudriña. (Proverbios
28: 11).
Guarda mis mandamientos y vivirás, mi ley como las niñas de
tus ojos. Lígalos a tus dedos; escríbelos en la tabla de tu corazón. (Proverbios 7: 2-3).
Por vereda de justicia guiaré, por en medio de sendas de
juicio, para hacer que los que me aman tengan heredad, y que yo llene sus
tesoros. (Proverbios 8:
20-21).
Porque mejor es la sabiduría
que las piedras preciosas; y todo cuanto se puede desear, no es de
compararse con ella. Yo la sabiduría, habito con la cordura, y hallo la ciencia
de los consejos.
El temor de Jehová es aborrecer el mal; la soberbia y la arrogancia, el mal camino, y la boca perversa,
aborrezco. Conmigo está el consejo y el buen juicio; yo soy la inteligencia; mío es el poder.
Por mí reinan los reyes, y los príncipes determinan justicia.
Por mí dominan los príncipes, y todos los gobernadores juzgan la tierra. Yo amo
a los que me aman, y me hallan los que temprano me buscan.
Las riquezas y la honra están conmigo; riquezas duraderas, y
justicia. Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado; y rédito mejor
que la plata escogida.
Por vereda de justicia guiaré, por en medio de sendas de
juicio, para hacer que los que me aman tengan su heredad, y que yo llene sus
tesoros.
Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo antes de sus
obras. Eternamente tuve el principado,
desde el principio, antes de la tierra.
Antes de los abismos fui engendrada; antes que fuesen las
fuentes de las muchas aguas. Antes que los montes fuesen formados, antes de los
collados, ya había sido yo engendrada.
No había aún hecho aún la tierra, ni los campos, ni el
principio del polvo del mundo. Cuando formaba los cielos, allí estaba yo;
cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo.
Cuando afirmaba los
cielos arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo; cuando ponía al mar
su estatuto, para que las aguas no traspasasen su mandamiento; cuando establecía los fundamentos de la
tierra.
Con él estaba yo
ordenándolo todo, y
era su delicia de día en día todo tiempo. Me regocijo en la parte habitable de
la tierra; y mis delicias son con los hijos de los hombres. (Proverbios 8: 11-31).
Bienaventurado el
hombre que me escucha,
velando a mis puertas cada día, aguardando a los postes de mis puertas. Porque el que me halle, hallará la vida, y
alcanzará el favor de Jehová.
Más el que peca contra mí, defrauda su alma; todos los que me aborrecen aman la muerte.
(Proverbios 8: 34-36).
El que en integridad
camina será salvo;
más el de perversos caminos caerá en alguno. (Proverbios 28: 18).
El que hace errar a los rectos por el mal camino, el caerá en
su misma fosa; más los perfectos heredarán el bien. (Proverbios 28: 10).
En la transgresión del hombre malo hay lazo; más el justo
cantará y se alegrará. (Proverbios
29: 6).
¿A quién se enseñará ciencia, o a quién se hará entender
doctrina? ¿A los destetados? ¿A los arrancados de los pechos?
Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato,
renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá;
porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo, a
los cuales él dijo:
Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; más no quisieron oír.
La palabra, pues,
de Jehová les será mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón
tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; hasta que
vayan y caigan de espaldas, y sean quebrantados, enlazados y presos. (Isaías 28: 9-13).
Por eso dice la biblia; escudriñad
las escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la Vida Eterna;
y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que
tengáis vida. (Juan 5:
39-40).
De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene Vida Eterna; y
no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida. (Juan 5: 24).
Mirad hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón
malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a
los otros cada día, entre tanto que se dice:
Hoy; para que ninguno de vosotros
se endurezca por el engaño del pecado.
Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que
retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que
se dice:
Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la
provocación. (Hebreos 3: 12-15).
12.- Conclusiones
Pues, como hemos visto en cada uno de los párrafos anteriores,
si continuamos viviendo nuestra vida cotidiana, conforme a los deseos y
concupiscencias del cuerpo y del mundo, entonces nos convertimos en enemigos de Jehová Dios.
Por lo tanto, debemos de aprender, a reflexionar en nuestro
corazón que Jehová, es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay
otro. Ante esto, debemos guardar sus estatutos y sus mandamientos, los cuales
ha puesto a disposición nuestra a través de los profetas (esto hace más de 4
mil años).
Si realmente, queremos que nos vaya bien a nosotros y a
nuestros hijos después de nosotros, y se prolongue nuestros días sobre la
tierra y abunden las bendiciones en todo lo que tengamos y hagamos, entonces
busquemos a Jehová cada día de nuestra vida.
Por tanto, debemos de reconocer, como
dice Deuteronomio 32: 39, “Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses
conmigo; yo hago morir, y yo hago vivir; yo hiero, y yo sano; no hay quien
pueda librar de mi mano”.
Mira, yo he puesto delante de ti hoy la Vida y el Bien, la
Muerte y el Mal; porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en
sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que
vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra… (Deuteronomio 30: 15-16).
Más si tu corazón (la conciencia o atención plena) se
apartaré y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses ajenos y
les sirvieres, yo os protesto hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis
vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando...
A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra
vosotros, que os he puesto delante la
Vida y la Muerte, la Bendición y la Maldición; escoge, pues, la Vida, para
que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y
siguiéndole a él; porque él es Vida para ti, y prolongación de tus días; a fin
de que habites sobre la tierra… (Deuteronomio 30: 17-20).
Como podemos apreciar, quizás una gran mayoría de personas,
se preguntarían por qué, nuestros bisabuelos, abuelos y nuestros padres, en
ningún momento nos hablaron acerca de esta sabiduría divina, que tiene más de 4
mil años.
Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de
ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te
desamparará. Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te
desamparará; no temas ni te intimides. (Deuteronomio 31: 6 y 8).
Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel
después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos,
y sobre su corazón (conciencia) las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos
me serán a mí por pueblo; y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su
hermano, diciendo:
Conoce al Señor; porque todos me
conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. (Hebreos 8: 10-11).
[…], ¿cuánto más la
sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo
sin mancha a Dios, limpiará vuestras
conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? (Hebreos 9: 14).
Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto… (Hebreos 7: 22-28).
Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está
muerto a causa del pecado, más el espíritu vive a causa de la justicia, y si el
Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que
levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos
mortales por su Espíritu que mora en vosotros. (Romanos 8: 10-11).
Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que
vivamos conforme a la carne; porque si
vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las
obras de la carne, viviréis.
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios,
éstos son hijos de Dios. (Romanos
8: 12-17).
[…], que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de
la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón.
Los cuales, después que perdieron toda “Sensibilidad”, se
entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.
En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del “Viejo
Hombre”, que está viciado conforme a los
“deseos engañosos”, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del
Nuevo Hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. (Efesios 4: 17-24).
[…], fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.
Vestíos de toda la Armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las
asechanzas del diablo.
Porque no tenemos
lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades,
contra los gobernadores de las tinieblas
de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales.
Por tanto, tomad toda la Armadura de Dios, para que podáis
resistir en el día malo, y habiendo acabado, estar firmes.
Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y
vestidos con la Coraza de Justicia, y calzados los pies con el apresto del
Evangelio de la Paz.
Sobre todo, tomad el Escudo
de la Fe, con que podáis apagar todos los dardos de Fuego del Maligno. Y
tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de
Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y
velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos, […]. (Efesios 6: 10-18).
No añadirás a la Palabra que yo os mando, ni disminuiréis de
ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os
ordeno.
Guardadlos, pues, y ponedlos por obra, porque esta es vuestra
sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán
todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación
gran es esta.
Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses cercanos a
ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? Y ¿Qué nación
grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo
pongo hoy delante de vosotros?
Por tanto, guárdate, y guarda
tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos
han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien,
las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos.
El día que estuviste delante de Jehová tu Dios, en Horeb,
cuando Jehová me dijo: Reúnete el pueblo, para que yo les haga oír mis
palabras, las cuales aprenderán, para temerme todos los días que vivieren sobre
la tierra, y las enseñarán a sus hijos.
Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra;
los diez mandamientos, y los escribió en dos tabla de piedra. Dice Moisés, a mí
también me mando Jehová en aquel tiempo que os enseñase los Estatutos y
juicios, para que los pusieseis por obra en la tierra a la cual pasáis a tomar
posesión de ella.
Guardad, pues, mucho
vuestras almas; pues
ninguna figura visteis el día que Jehová habló con vosotros en medio del fuego;
para que no os corrompáis y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura
alguna, efigie de varón o hembra.
Figura de animal alguno que está en la tierra, figura de ave
alguna alada que vuele por el aire, figura de ningún animal que se arrastre sobre
la tierra, figura de pez alguno que haya en el agua debajo de la tierra.
No sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol y la luna
y las estrellas, y todo el ejército del cielo, seas impulsado, y te inclines a
ellos, y les sirvas, porque Jehová tu Dios los ha concebido a todos los pueblos
debajo de todos los cielos.
Guardaos, no os olvidéis del pacto de Jehová vuestro Dios,
que él estableció con vosotros, y no os hagáis escultura o imagen de ninguna
cosa que Jehová tu Dios te ha prohibido. Porque Jehová tu Dios es fuego
consumidor, Dios Celoso.
Más si desde allí
buscares a Jehová tú Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de
toda tu alma.
Cuando estuvieres en Angustia, y te alcanzaren todas estas
cosas, si en los postreros días te volvieras a Jehová tu Dios, y oyeres su voz;
porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios, no te dejará, ni te destruirá, ni
se olvidará del pacto que les juró a tus padres. (Deuteronomio 4: 1-30).
Aprende, pues, hoy y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios
arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro.
Y guarda sus estatutos y sus mandamientos, los cuales yo te
mando hoy, para que te vaya bien a ti y
a tus hijos después de ti, y prolongues tus días sobre la tierra que Jehová
tu Dios te da para siempre. (Deuteronomio 4: 39-40).
Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que
guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos,
hasta mil generaciones; y que da el pago en persona al que le aborrece,
destruyéndolo; y no se demora con el que le odia, en persona le dará el pago. (Deuteronomio 7: 9-10).
Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná,
comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber
que nos sólo de pan vivirá el hombre, más de todo lo que sale de la boca de
Jehová vivirá el hombre.
Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a
su hijo, así Jehová tu Dios te castiga. Guardarás, pues, los mandamientos de
Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole. (Deuteronomio 8: 1-9).
Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de
los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los
mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas, estas cosas, y los
ejércitos de los cielos te adoran.
Tú eres, oh Jehová, el Dios que escogiste a Abram, y lo
sacaste de Ur de los caldeos, y le pusiste el nombre de Abraham; y hallaste
fiel su corazón delante de ti, e hiciste pacto con él para darle la tierra del
cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del jebuseo y del gergeseo, para
darla a su descendencia, y cumpliste tu palabra, porque eres justo. (Nehemías 9: 6-7).
Y sobre el monte Sinaí descendiste, y hablaste con ellos
desde el cielo, y les diste juicios
rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos, y les ordenaste el
“día de reposo” santo para ti, y por mano de Moisés tu siervo les
prescribiste mandamientos, estatutos y la ley.
Les diste pan del cielo
en su hambre, y en la sed les casaste aguas de la peña, y les dijiste que entrasen a poseer
la tierra, por la cual alzaste tu mano y juraste que se las darías.
La columna de nube no se apartó de ellos de día, para
guiarlos por el camino, ni de noche la columna de fuego, para alumbrarles el
camino por el cual habían de ir.
Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no retiraste tu maná de su boca, y agua
les diste para su sed. Los sustentaste cuarenta años en el desierto; de ninguna cosa tuvieron necesidad; sus
vestidos no se envejecieron, ni se hincharon sus pies. (Deuteronomio 9: 13-29).
Más por tus muchas misericordias no los consumiste, ni los
desamparaste; porque eres Dios clemente y misericordioso.
Pero tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros;
porque rectamente has hecho, más nosotros hemos hecho lo malo. (Nehemías 9: 30-38).
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en
otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha
hablado por el Hijo (primogénito), a quién constituyó heredero de todo, y por
quien asimismo hizo el Universo.
El cual, siendo el resplandor de su gloria, y a la imagen de
su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la “palabra de poder”,
habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo,
se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas. (Hebreos 1: 1-3).
Tú, oh Señor (Jehová Dios), en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos.
Ellos perecerán, más tú permaneces; y todos ellos se envejecerán como una
vestidura, y como un vestido los envolverás, y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no
acabarán. (Hebreos
1: 10-12).
Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que
tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que
podemos decir confiadamente:
El Señor es mi ayudador; no temeré lo que pueda hacer
el hombre.
Jesucristo
en el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. No he venido
a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento. (Lucas 5: 32).
No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque
buena cosa es afirmar el corazón con la
gracia, no con viandas, que nunca aprovechan a los que se han ocupado de
ellas. (Hebreos 13: 5-6
y 8-9).
Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas
sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del
mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de
la Deidad.
Y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad. En él también fuisteis
circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo
pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo.
Sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también
resucitados con él, mediante la fe en el
poder de Dios que se levantó de los muertos.
Y vosotros, estando
muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida
juntamente con él, perdonándonos todos los pecados, anulando el acta de los
decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola
en la cruz.
Y despojando a los principados y a las potestades, los
exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. (Colosenses 2: 8-15).
Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros,
dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.
Entonces me invocarás, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me
buscaréis de todo vuestro corazón. (Jeremías 29: 11-12).
Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después
de aquellos días, dice jehová:
Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón y yo
seré a ellos por Dios, y ellos me será mi pueblo. Y no enseñará más ninguno a
su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: va; porque todos me reconocerán,
desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque
perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. (Jeremías 31: 33-34).
Por nada estéis Afanoso, sino sean conocidas vuestras
peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la Paz de Dios, que sobrepasa todo
entendimiento, guardará vuestros corazones, y vuestros pensamientos en Cristo
Jesús. (Filipenses
4: 6-7).
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus
riquezas en gloria en Cristo Jesús. (Filipenses 4: 19).
Haced morir, pues, lo
terrenal en vosotros:
fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es
idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de
desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando
vivíais en ellas. (Colosenses
3: 5-9).
Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no
se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de la vida, y venga de
repente sobre vosotros aquel día.
Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre
la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas
cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre. (Lucas 21: 34-36).
Le dijo
Jesús: Yo soy la resurrección y la vida;
el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree
en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
Jesús le
dijo: ¿no te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? (Juan 11: 25-26 y 40).
Y él os dio vida a nosotros, cuando estabais muertos en
vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo
la Corriente de este mundo, conforme al Príncipe de la Potestad del Aire, el
espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia.
Entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro
tiempo en los Deseos de nuestra Carne,
haciendo la Voluntad de la Carne
(concupiscencia y lascivia) y de los
Pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de la ira, lo mismo que los
demás.
Pero Dios, que es rico en Misericordia, por su Gran Amor con
que nos amó, aun estando nosotros Muertos en Pecados, nos dio Vida juntamente
con Cristo, por la gracia sois salvos.
Y juntamente con él nos Resucitó, y asimismo, nos hizo sentar
en los Lugares Celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos
venideros las abundantes riquezas de su Gracia en su Bondad para con nosotros
en Cristo Jesús.
Porque por Gracia sois
salvos por medio de la Fe; y esto no de vosotros, pues es Don de Dios; no
por obras, para que nadie se gloríe.
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas
obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los
gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada
circuncisión hecha a mano en la carne.
“En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la
ciudadanía de Israel y ajenos a los Pactos de la Promesa, sin esperanza y sin
Dios en el mundo”. Pero
ahora Cristo Jesús, vosotros que en otro
tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la Sangre de Cristo.
Porque él es nuestra Paz, que de ambos pueblos hizo uno,
derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las Enemistades, la ley de los mandamientos
expresados en Ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo
hombre, haciendo la paz, y mediante la
Cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo matando en ella las
Enemistades.
Y vino y anunció las Buenas
Nuevas de Paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de
él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. (Efesios 2: 1-22).
La Palabra de Dios, en el Evangelio de Juan, menciona: “El
que ama su vida, la perderá, y el que aborrece su vida en este mundo, para Vida
Eterna la guardará”. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere,
allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará. (Juan 12: 25-26).
Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo
y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y oí una gran voz del
cielo que decía:
He aquí el
tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su
pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá Muerte,
ni habrá más Llanto, ni Clamor, ni Dolor, porque las primeras cosas
pasaron.
Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas.
Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.
Y me dijo: Hecho está: Yo soy el Alga y el Omega, el
principio y el fin. Al que tuviere Sed,
yo le daré gratuitamente de la Fuente de
Agua de la Vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su
Dios, y él será mi hijo.
Pero los cobardes e
incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos
tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la Muerte
Segunda. (Apocalipsis
21: 1-8).
Sobre toda cosa guardada, guarda tu
corazón porque de él emana:
La vida y la muerte.
Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se
apartará de él. (Proverbios
22: 4).
Ramón
Ruiz Limón.
Escritor e investigador en ciencias de la salud, educación y
filosofía de la ciencia. Asesor en redacción de Tesis de Licenciatura,
Maestría, Doctorado y Postdoctorado en español e inglés.
Autor de libros como:
Historia y evolución del pensamiento científico, el método científico y sus
etapas, el método didáctico y su relación con la ciencia, el conocimiento
silencioso, el viaje al poder de la conciencia, el poder de los dichos de la
boca y del pensamiento, entre otros.
[1]
David en la cueva de Adulam. Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de
Adulam; y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre supieron, vinieron
allí a él. Y se juntaron con él todos los Afligidos; y todo el que estaba
Endeudado, y todos los que se hallaban en Amargura de Espíritu y fue hecho Jefe
de ellos, y tuvo consigo como cuatrocientos hombres. (1 Samuel 22: 1-2. Biblia
Reina Valera 1960)
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