lunes, 18 de marzo de 2019

Estudio de la mente humana y la conducta.





Introducción

La mente se define como la capacidad del sistema nervioso central de ser consciente de cada uno de los actos que realiza el sujeto, es decir, los procesos y causas de su propia programación ocasionada por estar en contacto, con un mundo en apariencia física y en el cual, se llevan a cabo procesos macros y micros de carácter dinámicos.

En el ser humano esta función emergente del sistema nervioso es, además, consciente de su propia existencia con capaz de decisión y propósito, en un caso contrario a los animales y plantas.

Eso que llamamos “mente” no es algo con lo que el sujeto nace –como nace con un cerebro- ni algo que el cerebro produce, sino una dotación genética, por ejemplo un cerebro con una estructura y un volumen determinado, que nos permite aprender de nuestra familia, y más tarde en el entorno de los adultos, los resultados de una tradición que no se transmiten por vía genética sino a través de costumbres y hábitos sociales.

De este modo, el entorno familiar y social, es condicionante para el desarrollo mental de la personas. Las normas, los hábitos, las costumbres, inculcados a quienes se incorporan a la vida en sociedad en un determinado país, le permiten el control sobre sus impulsos instintivos, haciendo del “animal” humano un seguidor de normas a partir de un modelo cultural.

Por lo tanto, la personalidad del hombre es un producto histórico-cultural, y la mente viene a ser como una identidad extra-temporal, a-histórica, extraña a la cultura. Sin olvidar, que el sujeto no es un recepto pasivo, como lo consideraron John Locke y David Hume.

En relación a las sensaciones procedentes del mundo externo, la mente del sujeto es un mecanismo activo caracterizado por su capacidad psicológica de clasificar fenómenos, con ayuda de los órganos sensoriales y el razonamiento.

Por su parte, George Herbert Mead (1863-1931), critica la teoría contractualista de la sociedad, por suponer que los hombres dotados de capacidad mental y autoconciencia, existieron antes del surgimiento de la sociedad.

Por ejemplo, en su tesis señala que, el sujeto humano dotado de mente y de un sentido del “yo” (identidad personal) es más bien producto, no causa de la sociedad. Sostiene que la interacción preverbal, es anterior y fundamental en el proceso por el que desarrollamos el lenguaje, la mente y la autoconciencia.

Como en todos los problemas que existen en el universo y sobre todo en nuestra sociedad, debemos de demostrar que existe este problema que pretendemos plantear, en nuestro caso: la estructura y funciones de la mente humana, y tratar de explicar este fenómeno a través de ideas, nociones, conceptos, razonamientos, teorías y leyes científicas, que den razón de su importancia y transcendencia.

Veamos, como aspecto principal: ¿Existe el problema de la mente humana? Los avances extraordinarios del pensamiento positivista[1] del siglo XIX, con las grandes revoluciones en la Física, Biología, Química, es decir, en las ciencias naturales y sociales, han potenciado posturas radicales y ortodoxas que intentan explicar este fenómeno.

Por ejemplo, los militantes del primer grupo resumen su postura en la afirmación, de que los que llamamos “estados y procesos mentales”, simplemente no existen, y que lo único necesario para explicar totalmente, el fenómeno humano es la observación simple de su comportamiento (actos de su conducta), este grupo es conocido como los conductistas primitivos, e inician sus estudios en 1906.

El argumento principal del conductismo, que se inicia con Watson en los años 20, es que la “conducta de un organismo” no tiene causas mentales, sino que es la consecuencia de o la respuesta a los estímulos que recibe tanto del interior como del exterior el sujeto.

Sin embargo, sabemos que existen estímulos externos producto de la luz solar, del calor, del frío, es decir, del medio ambiente (aspectos ambientales de temperatura), así también otros, que son internos, que provienen de las necesidades del cuerpo humano como un organismo vivo, y estos son de carácter fisiológico y endocrino.

Desde el punto de vista de la investigación experimental, gracias a los estudios emprendidos en la psicología a partir de 1870 al estudiar el comportamiento de los animales y del hombre mismo, se logró identificar y formular leyes, que regulan las relaciones causales entre estímulos y respuestas.

Posteriormente, esto dio lugar al desarrollo de técnicas psicológicas tan importantes, que han permitido estudiar la conducta animal y del hombre a través del condicionamiento operante o instrumental.

La gente normal acepta la existencia de la mente como dato obvio de la realidad cotidiana, debido a que ellos saben, que piensan, sienten y tienen emociones y sentimientos sobre las demás personas y por los objetos o situaciones, que se encuentran en el medio ambiente.

Por lo tanto, algunas personas comunes consideran, que estas funciones y procesos, es decir, estados o manifestaciones mentales (pensamientos, sentimientos, emociones, actitudes) se dan en todos los seres humanos, no obstante, algunos de ellos se dan cuenta y una gran mayoría, ni saben que esto ocurre o sucede.

Como podemos apreciar, esta teoría (conductismo) adscribe toda la conducta humana al circuito estímulo-respuesta, sin contar con la intervención de procesos selectivos intermedios modificadores y organizadores, que permiten tomar decisiones acertadas a las personas y además, les ayuda a adaptarse a su medio ambiente.

En particular, funciones tales como el pensamiento creativo, crítico, innovador, la deliberación previa a la toma de decisiones, la fantasía y el sentido del humor, no han encontrado una explicación convincente con la sola ayuda del “conductismo radical[2].

Si bien es cierto, que en los últimos años las teorías conductistas, se han sofisticado lo bastante como para ser capaces de conceder un estatus limitado a la realidad mental.

Por ejemplo, por otra parte, el llamado “conductismo lógico”, considera que algunos estados mentales pueden definirse como predisposiciones a actuar de manera determinada,  y así aceptarse como un condicionante de la conducta, no realmente independiente de la misma.

La utilización por Skinner del término “operante” frente al tradicional de “instrumental” empleado por Thorndike (1898), que sugiere el uso de instrumentos como medio para alcanzar una meta o conseguir un fin, elimina los matices propositivos de la conducta que implica el segundo término de Skinner (1963).

Según sugiere el término “instrumental”, un organismo se comporta de una determinada forma, empleando instrumentos porque pretende lograr una meta o espera obtener un determinado efecto o consecuencia; ello en definitiva nos acerca a causas interiores mentales como origen del comportamiento observable.

Otra postura, que estudia el fenómeno de la mente humana, que ha logrado posicionarse en nuestros días, gracias a la tecnología de la resonancia magnética y el uso de los Tacs ha sido la neurociencias.

Los neurocientíficos, hoy en nuestros días se apoyan de manera exclusiva en la bioquímica y la actividad bioeléctrica y el dinamismo anatómico del cerebro humano para estudiar la conducta humana.

El estudio del sistema nervioso, ha logrado resultados revolucionarios, desde la localización anatómica de las funciones motoras y sensoriales más complejas, hasta la identificación de procesos bioquímicos moleculares responsables de las variaciones del humor, pasando por la observación directa de la actividad cerebral en distintos estados normales y patológicos.

Neurocientíficos como el premio Nobel Sir Jhon Eccles[3] (1963), y el neurocirujano Wildred Graves Penfield[4] (1945), han contribuido de manera importante al estudio de los fenómenos mentales.

El primero de ellos, centró sus estudios en la fisiología del sistema nervioso, desde los fenómenos iónicos de la sinapsis hasta el cableado del cerebelo.

El análisis de la conducta humana a través de las neurociencias se mueve a la luz de la observación objetiva de fenómenos externos. ¿Pero estamos seguros de que es allí donde se encuentra la solución?

Si damos una ojeada a la historia de la humanidad, nos podemos percatar que la preocupación por comprender y explicar, este objeto de estudio, ha sido de interés no solo de nosotros, sino de aborígenes australianos, esquimales e indios del Amazonas y Mesoamérica, estos parecen estar de acuerdo en la existencia de espíritus, que habitan en el hombre, e incluso en los animales y plantas.

Esta creencia en espíritus, por cierto, no en absoluto desconocida para el hombre moderno, por absurda que ahora nos parezca, debió ser en su momento, un descubrimiento revolucionario típicamente humano. Platón y filósofos de la antigüedad llamaron Pneuma.

Sin embargo, en una epístola del evangelio de Mateo[5] en la Santa Biblia reina Valera 1960, encontramos lo siguiente:

“Cuando llegó a la otra orilla [Jesús el hijo de Jehová Dios], a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados (dos personas poseídas por una legión) que salían de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel camino”.

[…], Él les dijo: Id. Y ellos (espíritus inmundos) salieron, y se fueron a aquel hato (grupo) de cerdos; y he aquí, todo el hato de cerdos se precipitó en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas.

Como podemos apreciar en estos últimos párrafos, desde hace 2 mil años, ya se encontraban personas que daban testimonio de fuerzas invisibles (espíritus), que podían poseer a personas y provocar en ellos, comportamientos agresivos y esta conducta los hacia refugiarse en los lugares más apartados de las comunidades o pueblos.

Pasando a otro concepto del cual es muy importante en este tema, dado que, se relaciona con lo que estamos tratando, la conciencia no es una cualidad inmaterial que viene al hombre por insuflación exterior, sino una propiedad producto de la evolución de las especies, en el proceso de continuo repliegue de la materia sobre sí misma.

La conciencia no es localizable sino un estado de vigilancia (en el interior del ser humano hay un testigo silencioso que observa todo lo que acontece a cada instante tanto en el interior como exterior) o conocimiento sensible del mundo interior y reflejo de mundo exterior, que día a día, se amplía con la ayuda de la memoria a largo plazo y la información sensible se convierte en recuerdos.

La actividad cerebral, es decir, las funciones de cada una de las parte del cerebro: cerebelo, tálamo, hipotálamo, amígdala, encéfalo, los cuatro lóbulos, etc.,  es el papel directivo ejercido por la conciencia lo que le confiere responsabilidad a estas partes sobre la conducta o el comportamiento del sujeto en los diferentes ámbitos o contextos en los que se desenvuelva cada día de su vida.

De ahí que un robot, aún dotado con sensores y efectores perfectos, no pueda ejecutar los mismos actos que un organismo consciente, sin lugar a dudas, siempre será el hombre el que programe la conducta del robot; éste no puede decidir ni programarse a sí mismo, y carece, además, del factor de aprendizaje en la propia experiencia, que caracteriza a todo ser humano.

La verdadera liberación del hombre de la situación en la que hoy se encuentra, es a través del conocimiento de sí mismo, es decir, una vez que acepte que no es todo aquello que hace, sino un ser divino constituido por un cuerpo-alma-espíritu, y que sin darse cuenta, la dualidad que ha construido de cuerpo-mente, le hace creer, que es todo lo que el cuerpo le ordena o indica en cada día de su vida.

La vida del hombre no es posible describirla o explicarla como un mero receptáculo de estados psíquicos (procesos mentales), sino el conjunto de experiencias conscientes en función de un cuerpo, en donde la conciencia actúa, como presencia del hombre ante sí mismo, posibilitando el progreso espiritual a través de la oportunidad del potencial de habilidades y capacidades innatas, que poseen el hombre sin que este se dé cuenta de su existencia.

Si la psicología contemporánea excluye a la conciencia humana esto supondría prescindir de uno de los más nobles atributos del hombre, automatizando a éste e igualándolo a las especies inferiores o simplemente a la semejanza de un robot.

Aristóteles que fue un filósofo heterodoxo y progresista, de quién se tiene una idea equivocada por las versiones, que de él dieron San Agustín de Hipona, Santo Tomás de Aquino y los antiempiristas reaccionarios del siglo XVIII, difieren del mentalismo de su maestro.

Este gran filósofo griego, elaboró un sistema de conocimiento que sitúa el estudio del alma en relación tanto empírica como racional con el estudio de los organismos vivos.

En su definición de la naturaleza del alma y de sus actividades, convirtió el alma en una expresión de la criatura viva, y a la criatura viva en una expresión del alma, eliminando cada rudimento del dualismo alma/cuerpo tal como estaban planteados entonces.

Hipócrates fue el primer médico serio que promovió la escuela alejandrina, la cual logró perdurar gracias a Galeno, y podemos mencionar que,  Aristóteles es sin duda, el primer psicólogo, este tuvo la enorme virtud de describir en detalle, la experiencia humana y el comportamiento en términos concretos. Años más tarde Rene Descartes bajo la concepción cartesiana consideró el cuerpo y alma.

Aristóteles definió la mente como un proceso, es decir, en términos de lo que hace y de sus manifestaciones, más que como una esencia. Este filósofo, además, estudió detenidamente los sentidos, el aprendizaje, la memoria, la emoción, la imaginación y el razonamiento, temas de gran importancia aún en nuestros días.

Por tanto, sentó las bases de un monismo inteligente, aplicando el concepto de “forma” para explicar la mente humana, haciendo una analogía entre la cera, como material básico, y la forma o troquelado que adquiere esta cera cuando se aplica sobre ella un sello.

Como podemos apreciar, los griegos crearon una primera epistemología, con el descubrimiento del principio de causalidad y el desarrollo de métodos inductivos y deductivos (Sócrates, Platón y Aristóteles).

Cabe enfatizar, que las creencias animistas primitivas, dejan paso a las primeras conceptualizaciones racionales y agnósticas del estudio de la mente humana y sus funciones, así como también su relación con la conciencia y los mecanismos necesarios para interpretar la realidad.

Por ejemplo, el médico Hipócrates fundador de la medicina discípulo de Asclepios (padre de la medicina), dejó bien claro en sus estudios sobre la epilepsia la idea de que la mente es un producto humano, no sobrenatural, y que sólo podía expresarse a través del cerebro.

Sin embargo, el teórico más influyente sobre la mente humana fue Platón, quien elaboró el primer sistema filosófico coherente en el que se incluye un claro dualismo psicofísico.

Este filósofo, introduce el concepto de apriorismo, según el cual es el Alma Humana, quien posee ya este conocimiento de todas las cosas y el disfrute de toda la belleza desde antes de morar en el cuerpo y sólo necesita librarse de él para volver al mismo estado perfecto anterior.

Volviendo al fenómeno de la mente como objeto de estudio, surge una pregunta como cuestión de cómo en un organismo puede reproducirse el orden existente en su entorno, y asimismo también las condiciones que posibilitan semejante reproducción.

Por ejemplo, tenemos la naturaleza, el mundo físico, el entorno en el cual el sujeto se mueve y desarrolla su vida, que constituye el orden del cual se derivan todos nuestros estímulos; conocidos algunos de ellos, y otros ni cuenta nos damos.

El sistema nervioso, neural, por medio del cual tenemos estímulos, es a su vez, parte del mundo, es decir, de la naturaleza. Por lo tanto, el orden fenomenal, mental, de las sensaciones, y otros hechos psíquicos o mentales, de cuyas relaciones no es posible dar completa y perfecta cuenta por la vía del análisis, sólo podemos saber cómo, pero no saber qué.


De este modo, se puede afirmar que no tenemos capacidad para llegar a conocer plenamente el orden de la mente humana, puesto que, algunos de los principios sobre los que descansa su funcionamiento son de un grado de complejidad extraordinario que le es propio, y no pueden ser analizados por la misma mente.

Para Hayek, la mente es lo pre-racional, es decir, es un conjunto de principios que posibilitan el surgimiento, desarrollo y funcionamiento de las capacidades racionales.

Su base orgánica, física y biológica, es el cerebro y la red de fibras nerviosas, transmisora de estímulos sensoriales provenientes del mundo externo. Pero una cosas es el cerebro y otra, diferente el intelecto y la mente humana.

La idea central de este autor, es que la estructura de la mente, los principios o leyes, que la constituyen no tienen carácter innato. Esto significa: 1). Un rechazo al materialismo marxista que se sumió en alguna medida en un biologismo extremo; 2). Un rechazo al apriorismo absoluto de Leibniz (el intelecto mismo) y al de Kant (las categorías del intelecto).

En consonancia, con su teoría el aparato mental es el resultado de la experiencia pasada, es decir, el sujeto ha estado en contacto con el mundo físico y se han generado sensaciones e impresiones las cuales se guardan en la memoria a largo plazo, sea esta individual o en grupo.

Sin embargo, este empirismo (perspectiva filosófica que considera que el conocimiento se construye a partir de las experiencias del sujeto) resulta distinto del preconizado por John Locke o David Hume.

Este origen empírico de la estructura que constituye nuestro aparato clasificatorio (mente humana) lo abre, por definición, al cambio.

Es decir, que no obstante y a pesar de ser base y condición del conocimiento humano, la mente podría sufrir cambios a lo largo del proceso evolutivo individual y/o grupal. Cambios producidos por la experiencia tanto de la intuición como del sentimiento.

Para Hayek todo está sujeto a cambios y a transformaciones, desde el mundo, la naturaleza, pasando por nuestras teorías al respecto, las normas que hacen posible nuestro actuar, llegando hasta los fundamentos mismos del conocer humano.

Nuevos hechos, pueden contradecir una teoría largamente aceptada; nuevas experiencias pueden hacernos dudar de lo adecuado de una norma de comportamiento, etc., por lo tanto, tener esto en mente, nos puede ayudar a comprender mejor la postura de este autor.

En este trabajo nos interesa comprender y explicar a través de un marco teórico, cómo esa potencia clasificatoria, que llamamos “mente” llegó a formarse. En qué sentido es resultado de la experiencia y cuál es la relación entre ese orden fenomenal y el orden de lo físico.

Líneas arriba mencionamos que según algunos autores, señalaban que todo su contenido de la mente provenía del tradicional binomio alma-cuerpo, o partiendo de la dualidad psíquico-físico o desde una perspectiva yo/no-yo.

Desde el momento mismo en que la mente, es una capacidad ordenadora, basada en los estímulos endógenos y exógenos que recibimos por medio de los nervios sensitivos y motores que forman parte del sistema nervioso central, por lo tanto, todas aquellas cuestiones metafísicas tan importantes para los empiristas y racionalistas no tienen razón de ser.

Indubitablemente, reconocemos que existe una especie de unidad del sujeto en la cual llamamos físico y lo que denominamos “psíquico” en el lenguaje del dualismo, constituyen un todo.

Sin olvidar que, hace referencia concreta a que algunas cualidades que tradicionalmente se consideran psíquicas en realidad pertenecen a lo que de acuerdo a esa misma tradición, podría haberse llamado físico, concretamente en lo relacionado a la memoria.

Todos los fenómenos denominados “psíquicos”, como por ejemplo: discriminación, generalización, transferencia y conceptualización, son directa o indirectamente afectados por los impulsos transmitidos por la red nerviosa de neuronas.

Por lo tanto, la distinción entre el yo y el no yo, pierde a su vez, importancia desde el momento en que nuestro sistema nervioso es parte del mundo físico, del orden de la naturaleza.

Es más, nosotros mismos como seres humanos, somos parte de la naturaleza en cuanto a organismos biológicos. Por tanto, precisamente a eso, y aquí se plantea, el grave problema de la mente: ¿Cómo en un organismo pueden darse o reproducirse aspectos del orden físico?

La mente humana, es pues, en cierto sentido un orden relacionado con los acontecimientos del mundo físico; orden que se da en algunos organismos y que pese a relacionarse con el entorno físico no es idéntico a éste.

El problema de la mente no es meramente psicológico, sin restar mérito a las investigaciones psicológicas, tampoco se trata de minusvalorar la antropología física o la biología, aun cuando Hayek reconoce aspectos positivos en tales investigaciones, señalando a la vez, algunos errores a los que según él han conducido sobre todo en el terreno de la sociobiología.

El problema de la mente es una cuestión de psicología filosófica, es decir, dicho de otro modo, es una cuestión eminentemente filosófica. Debido a este punto de enfoque, al igual que por la manera crítica de encarar este objeto de estudio, puede decirse que, Hayek ha venido a devolverle a la filosofía el sitio que mayormente tuvo en sus principios, y la actitud positivista en Occidente irrumpió con la supuesta cientificidad.

El positivismo de Augusto Comte (1840), vino a deshacerse de manera tajante con los fenómenos humanos y sociales, sin piedad alguna mutiló, destruyó todo lo que se encontró a su paso, principalmente la riqueza de sus más hondas interrelaciones.

No obstante, en ese proceso destructivo, la filosofía también se vió afectada, y no cayó como víctima contingente cuyo fin es desaparecer, es decir, cayó presa del mal que cambio su antigua identidad, rebajada crecientemente, después Comte, a meno análisis sintáctico, semántico, o analítico del lenguaje, dejaron en un rincón todos los avances que había logrado la filosofía.

Después de 1840, todos los fenómenos fueron reducidos a la observación descriptiva objetivo, que ha de reducirse a fenómenos cuantificables. Es una palabra, los hechos, lo factual, se erigieron en origen y parámetro del conocimiento.

Este tenía que ser por su naturaleza a posteriori, y de este modo se creyó superar el paradigma paralelo y antitético originado a fines del siglo XVIII por Immanuel Kant (1781). El conocimiento en cuando deducible de verdades a priori, es inevitablemente a priori.

En su teoría acerca de la mente y el conocimiento, Hayek acepta tanto lo a priori, como lo a posteriori. Según este autor, aprendemos del mundo físico (externo) a través de ciertas presuposiciones que son a priori.

Sin embargo, éstas no son innatas, ni fijas ni independientes de la experiencia cambiante o dinámica. Al contrario descansan sobre experiencias pasadas (previas), ya sea del sujeto o del grupo que lo socializa.

Las presuposiciones apriorísticas, son reproducciones generales de las relaciones de los elementos del entorno ya experimentadas en el pasado. Es éste el sentido en el que Hayek se aparta del subjetivismo o idealismo de corte kantiano. Claramente establece que mente y conciencia son, ambas, el resultado de la experiencia individual y colectiva o grupal.

Para este autor, la experiencia del pasado precede a las sensaciones y a las percepciones del presente. Consiste esa experiencia, fundamentalmente en una interpretación y ordenación de los eventos a los cuales, el sujeto se enfrentó; proceso a su vez basado en las diferenciadas respuestas del organismo que evoluciona, lo cual condujo a una clasificación u ordenamiento de los acontecimientos del entorno.

Todavía más interesante resulta, su idea de que la conciencia, o la mente humana no producen experiencia, y que ni siquiera, es ésta una especie de función mental, pues, es más bien la experiencia la que sustenta eso que llamamos “conciencia humana”.

Por lo tanto, esto implica que todo lo que hemos llegado a saber (conocimiento), ha de ser sujeto de confirmación o refutación recurriendo siempre a dicha experiencia sensorial.

De este modo queda al descubierto, el error cometido por el empirismo supuesto por el pensamiento de Kant. Por otra parte, también queda al desnudo el error aristotélico de creer que la “experiencia” consiste en llegar a poseer la esencia (la verdad del mundo físico y de los fenómenos) de las cosas (objetos físicos y fenómenos sociales y psicológicos) por la vía de la abstracción.

En cierto, que no todos los empiristas comparten esa visión, pero todos han brincado su apoyo a la doctrina que establece que: la experiencia comienza con la recepción de datos sensoriales, que constituyen las cualidades primarias o secundarias, considerando a los objetos como constantes, sin darse cuenta que todo está cambiando continuamente.

Algunos han ido más allá, al ampliar lo anterior con la conclusión de que: así entramos en posesión de los correspondientes atributos de los objetos externos que percibimos a través de los órganos sensoriales.

De acuerdo con Hayek, lo que se halla presupuesto aquí, es que la mente humana, posee capacidades propias, innatas, independientes de todos los hechos del mundo físico, y que son, las que le permiten ordenar, relacionar y reproducir los datos sensoriales, que se recogen por medio de los sentidos el sujeto.

Por ejemplo en el sistema de David Hume (1739), este está edificado sobre una concepción acerca de la “razón”, tal que ella constituye el origen y la medida de lo que puede llamarse “conocimiento”. De este modo, la figura de Hume para quien no existen supuestos dogmáticos –principios a admitir independientes de la experiencia-, se derrumba: él parte de suponer que existen capacidades inherentes al hombre y que son las que le permiten “asociar” (capacidades asociativas del sujeto) los datos sensoriales que recibe el sujeto.

Es posible establecer algunas diferencias entre la teoría de la mente en Hayek y en Kant. Por ejemplo, viene el caso de recordar que Hayek no se refiere a “estructuras” o “formas fijas”, invariables sino más bien a conexiones, relaciones o productos de la experiencia, y susceptibles de cambio por la experiencia misma como parte del proceso evolutivo.

Además, hay que agregar que, tales concatenaciones o vínculos no son consideradas como pertenecientes a las cosas o los hechos, son más bien, resultados de la clasificación en que en virtud de ciertos aspectos, construimos en todos los objetos que percibimos.

Para Immanuel Kant, el conocimiento viene a ser resultado de un acto inconsciente de síntesis. Pero además, para este mismo autor la actividad cognitiva ha de encontrar su explicación en la aplicación de las formas puras del entendimiento a los objetos de la intuición espacio-temporal.

Por lo tanto, este tipo de conocimiento es constitutivo de la experiencia, a diferencia del metafísico que es meramente regulativo del espíritu libre conocido también como noumenal para Leibniz.

Hayek afirma, en cambio que el aparato clasificatorio nos provee la capacidad para experimentar y adquirir ulteriores conocimientos acerca del mundo físico. Ve así mismo el aparato clasificatorio como producto fisiológico, sujeto a modificaciones vía la experiencia, considerándolo un derivado evolutivo aún en proceso.
Lo anterior significa, que la influencia del medio ambiente condujo a los organismos: 1). A acumular información utilizable (pragmática) posteriormente; 2). A adaptar su conducta, al igual que esos mecanismos del conocimiento, con el fin de sobrevivir como especie y como individuo. La mente es un grupo de reglas para el éxito.

Conclusiones

La mente humana es como el agua, cuando está en calma y en paz, es capaz de reflejar la belleza en el mundo. Sin embargo, cuando esta agitada (angustiada y desesperada por los problemas cotidianos), puede tener el paraíso enfrente y no será capaz de reflejarlo.

Por lo tanto, una mente en paz consigo misma tiene grandes ventajas, por ejemplo, es capaz de proteger y cuidar la salud del cuerpo del cual forma parte. Esto debido a que existe una dualidad.

De lo contrario, una mente agitada por los muchos problemas aumenta la vulnerabilidad frente a las enfermedades de todo tipo.

Señala, Arthur Schopenhauer (1836), filósofo alemán:

La Salud no lo es todo en la vida, sin embargo, sin ella todo lo demás es nada. De esto se da cuenta generalmente, siempre tarde el paciente.

Según la organización mundial de la salud (OMS), menciona que hay más de 300 millones de personas en el mundo, que tienen algún tipo de enfermedad crónico degenerativa, y esto es consecuencia del estrés, que día a día, sufren en sus hogares, trabajo y sociedad.

Estas personas viven constantemente enfermas, puesto que, no saben cómo lidiar o gestionar con sus pensamientos, emociones y sentimientos entonces estos estados cognitivos y emocionales, se vuelven tóxicos a través de segregaciones bioquímicas en el organismo y producen patologías, que se manifiestan en desequilibrios neurofisiológicos a través de enfermedades crónico degenerativas que afecta la salud del paciente de manera importante.

Por su parte, las investigaciones del nuevo campo de la Psiconeuroinmunología estudian las relaciones biológicas entre la mente humana, el cerebro y el sistema inmunológico y han ido descubrimiento una importante vinculación y relación que los focos emocionales del cerebro humano se hallan estrechamente vinculados no sólo al Sistema Inmunológico sino que también al Sistema Cardiovascular.

A continuación, les comparto una noticia impresionante para la mente humana. Gracias a los avanzados métodos científicos en neurocirugía y a la tecnología moderna, al realizarle a un paciente un implante esta persona recuperó la conciencia.

Un artículo publicado en la revista “Nature” de 2007, describió como un paciente de 38 años de edad, durante años en estado de “mínima conciencia” debido a una lesión cerebral, recuperó la capacidad de hablar (área de broca), de comer, de comunicarse, de estar despierto […], y todo gracias a unos “alambres” (diminuto y delgados cables de material especial) que estimularon el lado profundo del cerebro. Los especialistas comentaron, maravillados, “ha vuelto a ser una persona”.

Parece sencillo para algunas personas, sin embargo, entonces tendríamos que plantearnos las preguntas siguientes:

1)    ¿La conciencia es lo que nos hace ser personas?; 2). ¿La conciencia se puede reemplazar o al menos estimular, con la ayuda de un implante cerebral?

No obstante, […] las apariencias a simple vista engañan.

Indubitablemente, en las últimas décadas algunos aspectos de la investigación en el estudio del cerebro humano se han vuelto, sino sencillos, al menos abordables, es decir: se ha logrado entender cómo funciona una neurona (Santiago Ramón y Cajal, propuso la Teoría de la Neurona y ley de la polarización dinámica 1906; C. Scott Sherrington en 1912 estudio la Sinapsis; J. Eccles [1963], Stanistas Dehaene, Dámaso, entre otros), cómo charla con sus vecinas, cómo se transmite la información a través de un nervio sensitivo, e incluso cómo de pronto una célula que no sabe quién es, se convierte en una neurona, y no en un hepatocito o un espermatozoide.
Sin embargo, lo que sí es seguro es que en ese lugar de preguntas no entran otras como qué quiere decir sentir que tenemos un cuerpo, o que estamos vivos, o que si nos pinchamos nos duele, o qué quiere decir el “rojismo” de un color (cualidades de los objetos).

Como podemos apreciar, nos queda claro, que existen algunas cuestiones más complicadas, y en un alarde de originalidad, algunos científicos hoy en día, se regodean en llamarlas el “problema difícil”: cómo un puñado de neuronas que de pronto, estas al interactuar como una unidad dan forma a la Conciencia (atención perceptiva).

Nuevamente, es fácil la ilusión, que nos presenta el mundo físico al hacernos llegar estímulos por todas las direcciones, y de pronto somos capaces de ver un documental, o jugar un juego de ajedrez.

Pero reflexionemos por un momento, ¿cómo es que esos estímulos externos de repente se convierten en estados mentales de los cuales somos capaces de interpretar y decodificar, es decir, cómo poder sentir y darnos cuenta que algo está pasando a nuestro interior?

Ante estas descripciones y explicaciones, es conveniente cuestionarnos lo siguiente: qué es exactamente eso que llamamos conciencia (atención perceptiva), y si nos damos cuenta, actualmente y desde la antigüedad, son una gran cantidad de investigadores, que andan tras su búsqueda, desde filósofos, biólogos, neurocientíficos, informáticos, endocrinólogos, neurocirujanos, entre otros.

Como bien sabemos, los científicos en las ciencias duras, utilizan instrumentos y aparatos (electrodos, cables, tubos de ensayo y controles) para llevar a cabo sus experimentos y con la ayuda de las matemáticas, siendo el caso de la estadística llevan a cabo sus análisis de los datos obtenidos de las evidencias físicas y con esto logran redactar sus conclusiones y recomendaciones.

Quizás en estos últimos dos mil años, una de las mayores complicaciones en el problema de la conciencia, como objeto de estudio, es poder abordarla a través de experimentos y encontrar una vez por todo la diferencia entre la mente como un hiperfenómeno del cerebro y su relación con la conciencia.

¿Cómo preguntarle a un sistema nervioso qué significa sentir, doler, pensar, recordar, imaginar, fantasear, y todos los procesos mentales y emocionales, que convergen a cada segundo en el interior del cerebro humano?

Quizás en ciertos momentos, en algún rincón del mundo algún grupo de científicos, se dieron cuenta que estudiar a la mente, cerebro y la conciencia, no es una tarea sencilla de acuerdo con la tecnología, que hasta el momento contamos, tal vez sea necesario, plantear un nuevo marco teórico y diseñar nuevos dispositivos, que nos permitan poder medir y encontrar realmente sus funciones y características.

En resumen, podemos mencionar que, todas las posturas acerca del estudio de la mente humana coinciden en la afirmación de que la experiencia depende completamente o parcialmente de la conciencia.

No obstante, Hayek habrá de afirmar, que como ya se mencionó líneas arriba, que la misma “conciencia” es un producto de la cadena de experiencias (contenido de la mente), que va acumulando el sujeto provenientes del entorno en el que se desenvuelva.

Fuentes de consulta

  1. David A. Quebradas Angrino. La emoción, la razón y el cerebro humano. Cuaderno de Neuropsicología Paranamericana Journal of Neurophychology. Vol. 5, no. 2, diciembre de 2011. Disponible en: pepsic.bvsalud.org/pdf/cnps/v5n2/a06.pdf
  2. Mente y Cerebro. Retrospectiva Charles Scott Sherrington, sinapsis y reflejos. Disponible en: https://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/los-limites-del-ego-721/charles-scott-sherrington-sinapsis-y-reflejos-15793
  3. Arthur, Schopenhauer (1844). El mundo como voluntad y representación. Disponible en: juango.es/files/Arthur-Schopenhauer---El-mundo-como-voluntad-y-representacion.pdf
  4. Percy C. Acuña Vigil. El concepto de verdad y de certeza en Descartes. Universidad Nacional de Ingeniería Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Disponible en: www.urbanoperu.com/sites/urbanoperu.com/files/descargas/el_concepto_de_verdad_y_de_certeza_en_descartes.pdf
  5. Manuel Desviat. El error de Descartes. Disponible en: www.atopos.es/pdf_14/2-4_El%20error%20de%Descartes.pdf
  6. Alfredo Marcos. Filosofía de la naturaleza humana. Departamento de Filosofía/Universidad de Valladolid, España. Disponible en:
  7. René Descartes. Discurso del Método. Disponible en: www.posgrado.unam.mx/musica/lecturas/LecturaIntroduccionInvestigacionMusical/epistemologia/Descartes-Discurso-Del-Metodo.pdf
  8. David Hume. Investigación sobre el conocimiento humano. Disponible en: www.unizar.es/departamentos/filosofia/documents/Hume-David-Investigacion-sobre-el conocimiento-humano.pdf
  9. Stanislas Dehaene. La conciencia en el cerebro: Descifrando el enigma de cómo el cerebro elabora nuestros pensamientos. Argentina, 2015. Disponible en:
  10. J.L. González de Rivera. Estructura y función de la mente humana. Psiquis 346/87 volumen VIII/87. Disponible en:
  11. Ruiz Limón, Ramón. El conocimiento silencioso. Disponible en: http://www.eumed.net/libros-gratis/2007a/260/index.htm
  12. Ruiz Limón, Ramón. Historia y evolución del pensamiento científico. Disponible en: http://www.eumed.net/libros-gratis/2007a/257/index.htm
  13. Capítulo IV. La mente humana. Tesis.
Ramón Ruiz Limón.

Escritor e investigador en ciencias de la salud, educación y filosofía de la ciencia. Asesor en redacción de Tesis de Licenciatura, Maestría, Doctorado y Postdoctorado en español e inglés.

Autor de libros como:

Historia y evolución del pensamiento científico, el método científico y sus etapas, el método didáctico y su relación con la ciencia, el conocimiento silencioso, el viaje al poder de la conciencia, el poder de los dichos de la boca y del pensamiento, entre otros.



[1] El positivismo es una perspectiva científica que nació en 1840 en Europa propuesto por August Comte, creador también de la Sociología. Sólo acepta como válidos los conocimientos que proceden de la Experiencia, rechazando, por tanto, toda noción a priori y todo concepto universal y absoluto. El hecho es la única realidad científica y la experiencia y la inducción, son los métodos exclusivos de la ciencia. El positivismo niega lo ideal.
[2] Su precursor fue B. F. Skinner (1943) y su propósito se centró en estudiar el comportamiento humano y animal a través del análisis experimental. Esta perspectiva dejó a un lado la introspección y el mentalismo, es decir, la autoobservación y el autoconocimiento no son variables consideradas dentro de esta perspectiva científica.
[3] Científico australiano quien ganó el premio Nobel de Medicina en 1963 y dirigió un laboratorio de neurofisiología en Canberra, Australia. Fue alumno de Charles Scott Sherrington en la Universidad de Oxford, autor del libro titulado: The Integrative Action of the Nervous System (1906). Vivió de 1903 a 1997.
[4] Fue un neurocirujano estadounidense nació en Montreal el 26 de enero de 1891 y murió el 5 de abril de 1976. Contribuyó con importantes avances en el estudio del tejido nervioso, de las enfermedades neurológicas, especialmente en la epilepsia y en la técnica de la neurocirugía.
[5] El libro de Mateo, es uno de cuatro libros como Marcos, Lucas y Juan, conocidos como los Evangelios. Inician en la página 1329 y terminan en la 1512, estos hablan de personas que estaban poseídas por espíritus inmundos o demonios. Afectaban su conducta y su forma de vida de manera importante, puesto que los atormentaban de gran manera principalmente en su salud física y mental (psicológica), es decir, no tenían paz mental. Estos libros fueron escritos por sus autores hace 2000 años a partir de esta fecha.

No hay comentarios:

Publicar un comentario