Introducción
La mente se define como la capacidad del sistema nervioso central de ser consciente de cada uno
de los actos que realiza el sujeto, es decir, los procesos y causas de su
propia programación ocasionada por estar en contacto, con un mundo en
apariencia física y en el cual, se llevan a cabo procesos macros y micros de
carácter dinámicos.
En el ser humano esta función emergente del sistema nervioso es, además, consciente
de su propia existencia con capaz de decisión y propósito, en un caso contrario
a los animales y plantas.
Eso que llamamos “mente” no es algo con lo que el sujeto nace
–como nace con un cerebro- ni algo que el cerebro produce, sino una dotación
genética, por ejemplo un cerebro con una estructura y un volumen determinado,
que nos permite aprender de nuestra familia, y más tarde en el entorno de los
adultos, los resultados de una tradición que no se transmiten por vía genética
sino a través de costumbres y hábitos sociales.
De este modo, el entorno familiar y social, es condicionante
para el desarrollo mental de la personas. Las normas, los hábitos, las
costumbres, inculcados a quienes se incorporan a la vida en sociedad en un
determinado país, le permiten el control sobre sus impulsos instintivos,
haciendo del “animal” humano un seguidor de normas a partir de un modelo
cultural.
Por lo tanto, la personalidad del hombre es un producto
histórico-cultural, y la mente viene a ser como una identidad extra-temporal,
a-histórica, extraña a la cultura. Sin olvidar, que el sujeto no es un recepto
pasivo, como lo consideraron John Locke y David Hume.
En relación a las sensaciones procedentes del mundo externo,
la mente del sujeto es un mecanismo activo caracterizado por su capacidad
psicológica de clasificar fenómenos, con ayuda de los órganos sensoriales y el
razonamiento.
Por su parte, George Herbert Mead (1863-1931), critica la
teoría contractualista de la sociedad, por suponer que los hombres dotados de
capacidad mental y autoconciencia, existieron antes del surgimiento de la
sociedad.
Por ejemplo, en su tesis señala que, el sujeto humano dotado
de mente y de un sentido del “yo” (identidad personal) es más bien producto, no
causa de la sociedad. Sostiene que la interacción preverbal, es anterior y fundamental
en el proceso por el que desarrollamos el lenguaje, la mente y la
autoconciencia.
Como en todos los problemas que existen en el universo y
sobre todo en nuestra sociedad, debemos de demostrar que existe este problema
que pretendemos plantear, en nuestro caso: la
estructura y funciones de la mente humana, y tratar de explicar este
fenómeno a través de ideas, nociones, conceptos, razonamientos, teorías y leyes
científicas, que den razón de su importancia y transcendencia.
Veamos, como aspecto principal: ¿Existe el problema de la
mente humana? Los avances extraordinarios del pensamiento positivista[1]
del siglo XIX, con las grandes revoluciones en la Física, Biología, Química,
es decir, en las ciencias naturales y sociales, han potenciado posturas radicales
y ortodoxas que intentan explicar este fenómeno.
Por ejemplo, los militantes del primer grupo resumen su
postura en la afirmación, de que los que llamamos “estados y procesos mentales”, simplemente no existen, y que lo
único necesario para explicar totalmente, el fenómeno humano es la observación simple de su
comportamiento (actos de su conducta), este grupo es conocido como los conductistas primitivos, e inician sus
estudios en 1906.
El argumento principal del conductismo, que se inicia con Watson en los años 20, es que la “conducta de un organismo” no tiene
causas mentales, sino que es la consecuencia de o la respuesta a los estímulos
que recibe tanto del interior como del exterior el sujeto.
Sin embargo, sabemos que existen
estímulos externos producto de la luz solar, del calor, del frío, es decir,
del medio ambiente (aspectos ambientales de temperatura), así también otros,
que son internos, que provienen de
las necesidades del cuerpo humano como un organismo vivo, y estos son de
carácter fisiológico y endocrino.
Desde el punto de vista de la investigación experimental,
gracias a los estudios emprendidos en la psicología a partir de 1870 al estudiar el comportamiento de los animales
y del hombre mismo, se logró identificar y formular leyes, que regulan las
relaciones causales entre estímulos y respuestas.
Posteriormente, esto dio lugar al desarrollo de técnicas
psicológicas tan importantes, que han permitido estudiar la conducta animal y
del hombre a través del condicionamiento
operante o instrumental.
La gente normal acepta la
existencia de la mente como dato obvio de la realidad cotidiana, debido a que ellos saben, que piensan,
sienten y tienen emociones y sentimientos sobre las demás personas y por los
objetos o situaciones, que se encuentran en el medio ambiente.
Por lo tanto, algunas personas comunes consideran, que estas
funciones y procesos, es decir, estados
o manifestaciones mentales (pensamientos, sentimientos, emociones, actitudes) se
dan en todos los seres humanos, no obstante, algunos de ellos se dan cuenta
y una gran mayoría, ni saben que esto ocurre o sucede.
Como podemos apreciar, esta teoría (conductismo) adscribe
toda la conducta humana al circuito
estímulo-respuesta, sin contar con la intervención de procesos selectivos intermedios modificadores y organizadores, que
permiten tomar decisiones acertadas a las personas y además, les ayuda a
adaptarse a su medio ambiente.
En particular, funciones
tales como el pensamiento creativo,
crítico, innovador, la deliberación previa a la toma de decisiones, la fantasía
y el sentido del humor, no han encontrado una explicación convincente con
la sola ayuda del “conductismo radical[2]”.
Si bien es cierto, que en los últimos años las teorías conductistas, se han
sofisticado lo bastante como para ser capaces de conceder un estatus limitado a
la realidad mental.
Por ejemplo, por otra parte, el llamado “conductismo lógico”, considera que algunos estados mentales pueden
definirse como predisposiciones a actuar
de manera determinada, y así
aceptarse como un condicionante de la
conducta, no realmente independiente de la misma.
La utilización por Skinner del término “operante” frente al tradicional de “instrumental” empleado por Thorndike (1898), que sugiere el uso de
instrumentos como medio para alcanzar una meta o conseguir un fin, elimina los
matices propositivos de la conducta que implica el segundo término de Skinner
(1963).
Según sugiere el término “instrumental”, un organismo se
comporta de una determinada forma, empleando instrumentos porque pretende
lograr una meta o espera obtener un determinado efecto o consecuencia; ello en
definitiva nos acerca a causas
interiores mentales como origen del
comportamiento observable.
Otra postura, que estudia el fenómeno de la mente humana, que ha logrado posicionarse en nuestros
días, gracias a la tecnología de la
resonancia magnética y el uso de los Tacs ha sido la neurociencias.
Los neurocientíficos, hoy en nuestros días se apoyan de
manera exclusiva en la bioquímica y la
actividad bioeléctrica y el dinamismo anatómico del cerebro humano para
estudiar la conducta humana.
El estudio del sistema
nervioso, ha logrado
resultados revolucionarios, desde la localización anatómica de las funciones
motoras y sensoriales más complejas, hasta la identificación de procesos
bioquímicos moleculares responsables de las variaciones del humor, pasando por
la observación directa de la actividad cerebral en distintos estados normales y
patológicos.
Neurocientíficos como el premio Nobel Sir Jhon Eccles[3]
(1963), y el neurocirujano Wildred Graves
Penfield[4]
(1945), han contribuido de manera importante al estudio de los fenómenos
mentales.
El primero de ellos, centró sus estudios en la fisiología del
sistema nervioso, desde los fenómenos iónicos de la sinapsis hasta el cableado
del cerebelo.
El análisis de la
conducta humana a
través de las neurociencias se mueve
a la luz de la observación objetiva de fenómenos externos. ¿Pero estamos
seguros de que es allí donde se encuentra la solución?
Si damos una ojeada a la historia de la humanidad, nos podemos
percatar que la preocupación por comprender y explicar, este objeto de estudio,
ha sido de interés no solo de nosotros, sino de aborígenes australianos,
esquimales e indios del Amazonas y Mesoamérica, estos parecen estar de acuerdo
en la existencia de espíritus, que
habitan en el hombre, e incluso en los animales y plantas.
Esta creencia en
espíritus, por cierto, no en absoluto desconocida para el hombre moderno,
por absurda que ahora nos parezca, debió ser en su momento, un descubrimiento
revolucionario típicamente humano. Platón y filósofos de la antigüedad llamaron
Pneuma.
Sin embargo, en una epístola del evangelio de Mateo[5] en la
Santa Biblia reina Valera 1960, encontramos lo siguiente:
“Cuando llegó a la otra
orilla [Jesús el hijo de Jehová Dios], a la tierra de los gadarenos, vinieron a
su encuentro dos endemoniados (dos personas poseídas por una legión) que salían
de los sepulcros, feroces en gran manera, tanto que nadie podía pasar por aquel
camino”.
[…], Él les dijo: Id. Y ellos (espíritus inmundos) salieron,
y se fueron a aquel hato (grupo) de cerdos; y he aquí, todo el hato de cerdos
se precipitó en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas.
Como podemos apreciar en estos últimos párrafos, desde hace 2
mil años, ya se encontraban personas que daban testimonio de fuerzas invisibles
(espíritus), que podían poseer a personas y provocar en ellos, comportamientos
agresivos y esta conducta los hacia refugiarse en los lugares más apartados de
las comunidades o pueblos.
Pasando a otro concepto del cual es muy importante en este
tema, dado que, se relaciona con lo que estamos tratando, la conciencia no es una cualidad inmaterial que viene al hombre
por insuflación exterior, sino una propiedad producto de la evolución de las
especies, en el proceso de continuo repliegue de la materia sobre sí misma.
La conciencia no es localizable sino un estado de vigilancia (en el interior
del ser humano hay un testigo silencioso
que observa todo lo que acontece a cada instante tanto en el interior como
exterior) o conocimiento sensible del mundo interior y reflejo de mundo
exterior, que día a día, se amplía con la ayuda de la memoria a largo plazo y
la información sensible se convierte en recuerdos.
La actividad cerebral, es decir, las funciones de cada una de
las parte del cerebro: cerebelo, tálamo, hipotálamo, amígdala, encéfalo, los
cuatro lóbulos, etc., es el papel
directivo ejercido por la conciencia lo que le confiere responsabilidad a estas
partes sobre la conducta o el comportamiento del sujeto en los diferentes
ámbitos o contextos en los que se desenvuelva cada día de su vida.
De ahí que un robot, aún dotado con sensores y efectores
perfectos, no pueda ejecutar los mismos
actos que un organismo consciente, sin lugar a dudas, siempre será el
hombre el que programe la conducta del robot; éste no puede decidir ni programarse a sí mismo, y carece, además,
del factor de aprendizaje en la propia experiencia, que caracteriza a todo ser
humano.
La verdadera liberación
del hombre de la situación en la que hoy se encuentra, es a través del conocimiento de sí mismo, es decir, una vez que acepte que no es todo aquello que hace,
sino un ser divino constituido por un cuerpo-alma-espíritu, y que sin darse
cuenta, la dualidad que ha construido de cuerpo-mente, le hace creer,
que es todo lo que el cuerpo le ordena o indica en cada día de su vida.
La vida del hombre no es posible describirla o explicarla
como un mero receptáculo de estados psíquicos (procesos mentales), sino el
conjunto de experiencias conscientes en función de un cuerpo, en donde la
conciencia actúa, como presencia del hombre ante sí mismo, posibilitando el
progreso espiritual a través de la oportunidad del potencial de habilidades y
capacidades innatas, que poseen el hombre sin que este se dé cuenta de su existencia.
Si la psicología contemporánea excluye a la conciencia humana esto supondría prescindir de uno de los más
nobles atributos del hombre, automatizando a éste e igualándolo a las especies
inferiores o simplemente a la semejanza de un robot.
Aristóteles que fue un filósofo heterodoxo y progresista, de
quién se tiene una idea equivocada por las versiones, que de él dieron San
Agustín de Hipona, Santo Tomás de Aquino y los antiempiristas reaccionarios del
siglo XVIII, difieren del mentalismo de
su maestro.
Este gran filósofo griego, elaboró un sistema de conocimiento
que sitúa el estudio del alma en
relación tanto empírica como racional con el estudio de los organismos vivos.
En su definición de la
naturaleza del alma y de sus actividades, convirtió el alma en una
expresión de la criatura viva, y a la criatura viva en una expresión del alma,
eliminando cada rudimento del dualismo alma/cuerpo
tal como estaban planteados entonces.
Hipócrates fue el primer médico serio que promovió la escuela
alejandrina, la cual logró perdurar gracias a Galeno, y podemos mencionar
que, Aristóteles es sin duda, el primer
psicólogo, este tuvo la enorme virtud de describir en detalle, la experiencia humana y el comportamiento
en términos concretos. Años más tarde Rene Descartes bajo la concepción
cartesiana consideró el cuerpo y alma.
Aristóteles definió la
mente como un proceso, es decir, en términos de lo que hace y de sus
manifestaciones, más que como una esencia. Este filósofo, además, estudió
detenidamente los sentidos, el aprendizaje, la memoria, la emoción, la
imaginación y el razonamiento, temas de gran importancia aún en nuestros días.
Por tanto, sentó las bases de un monismo inteligente,
aplicando el concepto de “forma” para explicar la mente humana, haciendo una analogía entre la cera, como material
básico, y la forma o troquelado que
adquiere esta cera cuando se aplica sobre ella un sello.
Como podemos apreciar, los griegos crearon una primera
epistemología, con el descubrimiento del principio de causalidad y el desarrollo
de métodos inductivos y deductivos (Sócrates, Platón y Aristóteles).
Cabe enfatizar, que las creencias animistas primitivas, dejan
paso a las primeras conceptualizaciones racionales y agnósticas del estudio de
la mente humana y sus funciones, así como también su relación con la conciencia
y los mecanismos necesarios para interpretar la realidad.
Por ejemplo, el médico Hipócrates fundador de la medicina discípulo
de Asclepios (padre de la medicina), dejó bien claro en sus estudios sobre la epilepsia la idea de que la mente es un producto humano, no
sobrenatural, y que sólo podía
expresarse a través del cerebro.
Sin embargo, el teórico más influyente sobre la mente humana fue Platón, quien
elaboró el primer sistema filosófico coherente en el que se incluye un claro dualismo psicofísico.
Este filósofo, introduce el concepto de apriorismo, según el
cual es el Alma Humana, quien posee ya este conocimiento de todas las cosas y
el disfrute de toda la belleza desde antes de morar en el cuerpo y sólo necesita
librarse de él para volver al mismo estado perfecto anterior.
Volviendo al fenómeno de la mente como objeto de estudio,
surge una pregunta como cuestión de cómo en un organismo puede reproducirse el
orden existente en su entorno, y asimismo también las condiciones que
posibilitan semejante reproducción.
Por ejemplo, tenemos la naturaleza, el mundo físico, el
entorno en el cual el sujeto se mueve y desarrolla su vida, que constituye el
orden del cual se derivan todos nuestros estímulos; conocidos algunos de ellos,
y otros ni cuenta nos damos.
El sistema nervioso, neural, por medio del cual tenemos
estímulos, es a su vez, parte del mundo, es decir, de la naturaleza. Por lo
tanto, el orden fenomenal, mental, de las sensaciones, y otros hechos psíquicos
o mentales, de cuyas relaciones no es posible dar completa y perfecta cuenta
por la vía del análisis, sólo podemos saber cómo, pero no saber qué.
De este modo, se puede afirmar que no tenemos capacidad para
llegar a conocer plenamente el orden de la mente humana, puesto que, algunos de
los principios sobre los que descansa su funcionamiento son de un grado de
complejidad extraordinario que le es propio, y no pueden ser analizados por la
misma mente.
Para Hayek, la mente es lo pre-racional, es decir, es un
conjunto de principios que posibilitan el surgimiento, desarrollo y
funcionamiento de las capacidades racionales.
Su base orgánica, física y biológica, es el cerebro y la red
de fibras nerviosas, transmisora de estímulos sensoriales provenientes del mundo
externo. Pero una cosas es el cerebro y otra, diferente el intelecto y la mente
humana.
La idea central de este autor, es que la estructura de la
mente, los principios o leyes, que la constituyen no tienen carácter innato.
Esto significa: 1). Un rechazo al materialismo marxista que se sumió en alguna
medida en un biologismo extremo; 2). Un rechazo al apriorismo absoluto de
Leibniz (el intelecto mismo) y al de Kant (las categorías del intelecto).
En consonancia, con su teoría el aparato mental es el
resultado de la experiencia pasada, es decir, el sujeto ha estado en contacto
con el mundo físico y se han generado sensaciones e impresiones las cuales se
guardan en la memoria a largo plazo, sea esta individual o en grupo.
Sin embargo, este empirismo (perspectiva filosófica que
considera que el conocimiento se construye a partir de las experiencias del
sujeto) resulta distinto del preconizado por John Locke o David Hume.
Este origen empírico de la estructura que constituye nuestro
aparato clasificatorio (mente humana) lo abre, por definición, al cambio.
Es decir, que no obstante y a pesar de ser base y condición
del conocimiento humano, la mente podría sufrir cambios a lo largo del proceso
evolutivo individual y/o grupal. Cambios producidos por la experiencia tanto de
la intuición como del sentimiento.
Para Hayek todo está sujeto a cambios y a transformaciones,
desde el mundo, la naturaleza, pasando por nuestras teorías al respecto, las
normas que hacen posible nuestro actuar, llegando hasta los fundamentos mismos
del conocer humano.
Nuevos hechos, pueden contradecir una teoría largamente
aceptada; nuevas experiencias pueden hacernos dudar de lo adecuado de una norma
de comportamiento, etc., por lo tanto, tener esto en mente, nos puede ayudar a
comprender mejor la postura de este autor.
En este trabajo nos interesa comprender y explicar a través
de un marco teórico, cómo esa potencia clasificatoria, que llamamos “mente”
llegó a formarse. En qué sentido es resultado de la experiencia y cuál es la
relación entre ese orden fenomenal y el orden de lo físico.
Líneas arriba mencionamos que según algunos autores,
señalaban que todo su contenido de la mente provenía del tradicional binomio
alma-cuerpo, o partiendo de la dualidad psíquico-físico o desde una perspectiva
yo/no-yo.
Desde el momento mismo en que la mente, es una capacidad
ordenadora, basada en los estímulos endógenos y exógenos que recibimos por
medio de los nervios sensitivos y motores que forman parte del sistema nervioso
central, por lo tanto, todas aquellas cuestiones metafísicas tan importantes
para los empiristas y racionalistas no tienen razón de ser.
Indubitablemente, reconocemos que existe una especie de
unidad del sujeto en la cual llamamos físico y lo que denominamos “psíquico” en
el lenguaje del dualismo, constituyen un todo.
Sin olvidar que, hace referencia concreta a que algunas
cualidades que tradicionalmente se consideran psíquicas en realidad pertenecen
a lo que de acuerdo a esa misma tradición, podría haberse llamado físico,
concretamente en lo relacionado a la memoria.
Todos los fenómenos denominados “psíquicos”, como por
ejemplo: discriminación, generalización, transferencia y conceptualización, son
directa o indirectamente afectados por los impulsos transmitidos por la red
nerviosa de neuronas.
Por lo tanto, la distinción entre el yo y el no yo, pierde a
su vez, importancia desde el momento en que nuestro sistema nervioso es parte
del mundo físico, del orden de la naturaleza.
Es más, nosotros mismos como seres humanos, somos parte de la
naturaleza en cuanto a organismos biológicos. Por tanto, precisamente a eso, y
aquí se plantea, el grave problema de la mente: ¿Cómo en un organismo pueden
darse o reproducirse aspectos del orden físico?
La mente humana, es pues, en cierto sentido un orden
relacionado con los acontecimientos del mundo físico; orden que se da en
algunos organismos y que pese a relacionarse con el entorno físico no es
idéntico a éste.
El problema de la mente no es meramente psicológico, sin
restar mérito a las investigaciones psicológicas, tampoco se trata de
minusvalorar la antropología física o la biología, aun cuando Hayek reconoce
aspectos positivos en tales investigaciones, señalando a la vez, algunos
errores a los que según él han conducido sobre todo en el terreno de la
sociobiología.
El problema de la mente es una cuestión de psicología
filosófica, es decir, dicho de otro modo, es una cuestión eminentemente
filosófica. Debido a este punto de enfoque, al igual que por la manera crítica
de encarar este objeto de estudio, puede decirse que, Hayek ha venido a
devolverle a la filosofía el sitio que mayormente tuvo en sus principios, y la
actitud positivista en Occidente irrumpió con la supuesta cientificidad.
El positivismo de Augusto Comte (1840), vino a deshacerse de
manera tajante con los fenómenos humanos y sociales, sin piedad alguna mutiló,
destruyó todo lo que se encontró a su paso, principalmente la riqueza de sus
más hondas interrelaciones.
No obstante, en ese proceso destructivo, la filosofía también
se vió afectada, y no cayó como víctima contingente cuyo fin es desaparecer, es
decir, cayó presa del mal que cambio su antigua identidad, rebajada
crecientemente, después Comte, a meno análisis sintáctico, semántico, o
analítico del lenguaje, dejaron en un rincón todos los avances que había
logrado la filosofía.
Después de 1840, todos los fenómenos fueron reducidos a la
observación descriptiva objetivo, que ha de reducirse a fenómenos
cuantificables. Es una palabra, los hechos, lo factual, se erigieron en origen
y parámetro del conocimiento.
Este tenía que ser por su naturaleza a posteriori, y de este
modo se creyó superar el paradigma paralelo y antitético originado a fines del
siglo XVIII por Immanuel Kant (1781). El conocimiento en cuando deducible de
verdades a priori, es inevitablemente a priori.
En su teoría acerca de la mente y el conocimiento, Hayek
acepta tanto lo a priori, como lo a posteriori. Según este autor, aprendemos
del mundo físico (externo) a través de ciertas presuposiciones que son a
priori.
Sin embargo, éstas no son innatas, ni fijas ni independientes
de la experiencia cambiante o dinámica. Al contrario descansan sobre
experiencias pasadas (previas), ya sea del sujeto o del grupo que lo socializa.
Las presuposiciones apriorísticas, son reproducciones
generales de las relaciones de los elementos del entorno ya experimentadas en
el pasado. Es éste el sentido en el que Hayek se aparta del subjetivismo o
idealismo de corte kantiano. Claramente establece que mente y conciencia son,
ambas, el resultado de la experiencia individual y colectiva o grupal.
Para este autor, la experiencia del pasado precede a las
sensaciones y a las percepciones del presente. Consiste esa experiencia,
fundamentalmente en una interpretación y ordenación de los eventos a los
cuales, el sujeto se enfrentó; proceso a su vez basado en las diferenciadas
respuestas del organismo que evoluciona, lo cual condujo a una clasificación u
ordenamiento de los acontecimientos del entorno.
Todavía más interesante resulta, su idea de que la
conciencia, o la mente humana no producen experiencia, y que ni siquiera, es
ésta una especie de función mental, pues, es más bien la experiencia la que
sustenta eso que llamamos “conciencia humana”.
Por lo tanto, esto implica que todo lo que hemos llegado a
saber (conocimiento), ha de ser sujeto de confirmación o refutación recurriendo
siempre a dicha experiencia sensorial.
De este modo queda al descubierto, el error cometido por el
empirismo supuesto por el pensamiento de Kant. Por otra parte, también queda al
desnudo el error aristotélico de creer que la “experiencia” consiste en llegar
a poseer la esencia (la verdad del mundo físico y de los fenómenos) de las
cosas (objetos físicos y fenómenos sociales y psicológicos) por la vía de la
abstracción.
En cierto, que no todos los empiristas comparten esa visión,
pero todos han brincado su apoyo a la doctrina que establece que: la
experiencia comienza con la recepción de datos sensoriales, que constituyen las
cualidades primarias o secundarias, considerando a los objetos como constantes,
sin darse cuenta que todo está cambiando continuamente.
Algunos han ido más allá, al ampliar lo anterior con la
conclusión de que: así entramos en posesión de los correspondientes atributos
de los objetos externos que percibimos a través de los órganos sensoriales.
De acuerdo con Hayek, lo que se halla presupuesto aquí, es
que la mente humana, posee capacidades propias, innatas, independientes de
todos los hechos del mundo físico, y que son, las que le permiten ordenar,
relacionar y reproducir los datos sensoriales, que se recogen por medio de los
sentidos el sujeto.
Por ejemplo en el sistema de David Hume (1739), este está
edificado sobre una concepción acerca de la “razón”, tal que ella constituye el
origen y la medida de lo que puede llamarse “conocimiento”. De este modo, la
figura de Hume para quien no existen supuestos dogmáticos –principios a admitir
independientes de la experiencia-, se derrumba: él parte de suponer que existen
capacidades inherentes al hombre y que son las que le permiten “asociar”
(capacidades asociativas del sujeto) los datos sensoriales que recibe el
sujeto.
Es posible establecer algunas diferencias entre la teoría de
la mente en Hayek y en Kant. Por ejemplo, viene el caso de recordar que Hayek
no se refiere a “estructuras” o “formas fijas”, invariables sino más bien a
conexiones, relaciones o productos de la experiencia, y susceptibles de cambio
por la experiencia misma como parte del proceso evolutivo.
Además, hay que agregar que, tales concatenaciones o vínculos
no son consideradas como pertenecientes a las cosas o los hechos, son más bien,
resultados de la clasificación en que en virtud de ciertos aspectos,
construimos en todos los objetos que percibimos.
Para Immanuel Kant, el conocimiento viene a ser resultado de
un acto inconsciente de síntesis. Pero además, para este mismo autor la
actividad cognitiva ha de encontrar su explicación en la aplicación de las
formas puras del entendimiento a los objetos de la intuición espacio-temporal.
Por lo tanto, este tipo de conocimiento es constitutivo de la
experiencia, a diferencia del metafísico que es meramente regulativo del
espíritu libre conocido también como noumenal para Leibniz.
Hayek afirma, en cambio que el aparato clasificatorio nos
provee la capacidad para experimentar y adquirir ulteriores conocimientos
acerca del mundo físico. Ve así mismo el aparato clasificatorio como producto
fisiológico, sujeto a modificaciones vía la experiencia, considerándolo un
derivado evolutivo aún en proceso.
Lo anterior significa, que la influencia del medio ambiente
condujo a los organismos: 1). A acumular información utilizable (pragmática)
posteriormente; 2). A adaptar su conducta, al igual que esos mecanismos del
conocimiento, con el fin de sobrevivir como especie y como individuo. La mente es
un grupo de reglas para el éxito.
Conclusiones
La mente humana es como el agua, cuando está en
calma y en paz, es capaz de reflejar la belleza en el mundo. Sin embargo,
cuando esta agitada (angustiada y desesperada por los problemas cotidianos),
puede tener el paraíso enfrente y no será capaz de reflejarlo.
Por lo tanto, una
mente en paz consigo misma tiene grandes ventajas, por ejemplo, es capaz de
proteger y cuidar la salud del cuerpo del cual forma parte. Esto debido a que
existe una dualidad.
De lo contrario, una
mente agitada por los muchos problemas aumenta la vulnerabilidad frente a las
enfermedades de todo tipo.
Señala, Arthur Schopenhauer (1836), filósofo alemán:
La Salud no lo es todo en la vida, sin embargo, sin ella todo lo demás es
nada. De esto se da cuenta generalmente, siempre tarde el paciente.
Según la organización mundial de la salud (OMS), menciona que
hay más de 300 millones de personas en el mundo, que tienen algún tipo de
enfermedad crónico degenerativa, y esto es consecuencia del estrés, que día a
día, sufren en sus hogares, trabajo y sociedad.
Estas personas viven constantemente enfermas, puesto que, no
saben cómo lidiar o gestionar con sus pensamientos, emociones y sentimientos
entonces estos estados cognitivos y emocionales, se vuelven tóxicos a través de
segregaciones bioquímicas en el organismo y producen patologías, que se
manifiestan en desequilibrios neurofisiológicos a través de enfermedades
crónico degenerativas que afecta la salud del paciente de manera importante.
Por su parte, las investigaciones del nuevo campo de la Psiconeuroinmunología estudian las
relaciones biológicas entre la mente humana, el cerebro y el sistema
inmunológico y han ido descubrimiento una importante vinculación y relación que
los focos emocionales del cerebro humano se hallan estrechamente vinculados no
sólo al Sistema Inmunológico sino
que también al Sistema Cardiovascular.
A continuación, les comparto una noticia impresionante para
la mente humana. Gracias a los avanzados métodos científicos en neurocirugía y
a la tecnología moderna, al realizarle a un paciente un implante esta persona
recuperó la conciencia.
Un artículo publicado en la revista “Nature” de 2007,
describió como un paciente de 38 años de edad, durante años en estado de
“mínima conciencia” debido a una lesión cerebral, recuperó la capacidad de
hablar (área de broca), de comer, de comunicarse, de estar despierto […], y
todo gracias a unos “alambres” (diminuto y delgados cables de material
especial) que estimularon el lado profundo del cerebro. Los especialistas
comentaron, maravillados, “ha vuelto a ser una persona”.
Parece sencillo para algunas personas, sin embargo, entonces
tendríamos que plantearnos las preguntas siguientes:
1) ¿La conciencia es lo que nos hace ser personas?; 2). ¿La conciencia se
puede reemplazar o al menos estimular, con la ayuda de un implante cerebral?
No obstante, […] las apariencias a simple vista engañan.
Indubitablemente, en las últimas décadas algunos aspectos de
la investigación en el estudio del cerebro humano se han vuelto, sino
sencillos, al menos abordables, es decir: se ha logrado entender cómo funciona
una neurona (Santiago Ramón y Cajal, propuso la Teoría de la Neurona y ley de
la polarización dinámica 1906; C. Scott Sherrington en 1912 estudio la Sinapsis;
J. Eccles [1963], Stanistas Dehaene, Dámaso, entre otros), cómo charla con sus
vecinas, cómo se transmite la información a través de un nervio sensitivo, e
incluso cómo de pronto una célula que no sabe quién es, se convierte en una
neurona, y no en un hepatocito o un espermatozoide.
Sin embargo, lo que sí es seguro es que en ese lugar de
preguntas no entran otras como qué quiere decir sentir que tenemos un cuerpo, o
que estamos vivos, o que si nos pinchamos nos duele, o qué quiere decir el “rojismo”
de un color (cualidades de los objetos).
Como podemos apreciar, nos queda claro, que existen algunas
cuestiones más complicadas, y en un alarde de originalidad, algunos científicos
hoy en día, se regodean en llamarlas el “problema difícil”: cómo un puñado de
neuronas que de pronto, estas al interactuar como una unidad dan forma a la
Conciencia (atención perceptiva).
Nuevamente, es fácil la ilusión, que nos presenta el mundo
físico al hacernos llegar estímulos por todas las direcciones, y de pronto
somos capaces de ver un documental, o jugar un juego de ajedrez.
Pero reflexionemos por un momento, ¿cómo es que esos
estímulos externos de repente se convierten en estados mentales de los cuales somos capaces de interpretar y
decodificar, es decir, cómo poder sentir y darnos cuenta que algo está pasando
a nuestro interior?
Ante estas descripciones y explicaciones, es conveniente
cuestionarnos lo siguiente: qué es
exactamente eso que llamamos conciencia (atención perceptiva), y si nos
damos cuenta, actualmente y desde la antigüedad, son una gran cantidad de
investigadores, que andan tras su búsqueda, desde filósofos, biólogos,
neurocientíficos, informáticos, endocrinólogos, neurocirujanos, entre otros.
Como bien sabemos, los científicos en las ciencias duras,
utilizan instrumentos y aparatos (electrodos, cables, tubos de ensayo y
controles) para llevar a cabo sus experimentos y con la ayuda de las
matemáticas, siendo el caso de la estadística llevan a cabo sus análisis de los
datos obtenidos de las evidencias físicas y con esto logran redactar sus
conclusiones y recomendaciones.
Quizás en estos últimos dos mil años, una de las mayores
complicaciones en el problema de la conciencia, como objeto de estudio, es
poder abordarla a través de experimentos y encontrar una vez por todo la
diferencia entre la mente como un
hiperfenómeno del cerebro y su
relación con la conciencia.
¿Cómo preguntarle a un sistema nervioso qué significa sentir,
doler, pensar, recordar, imaginar, fantasear, y todos los procesos mentales y emocionales, que convergen a cada segundo
en el interior del cerebro humano?
Quizás en ciertos momentos, en algún rincón del mundo algún
grupo de científicos, se dieron cuenta que estudiar
a la mente, cerebro y la conciencia, no es una tarea sencilla de acuerdo
con la tecnología, que hasta el momento contamos, tal vez sea necesario, plantear un nuevo marco teórico y diseñar
nuevos dispositivos, que nos permitan poder medir y encontrar realmente sus
funciones y características.
En resumen, podemos mencionar que, todas las posturas acerca
del estudio de la mente humana coinciden en la afirmación de que la experiencia
depende completamente o parcialmente de la conciencia.
No obstante, Hayek habrá de afirmar, que como ya se mencionó
líneas arriba, que la misma “conciencia” es un producto de la cadena de
experiencias (contenido de la mente), que va acumulando el sujeto provenientes
del entorno en el que se desenvuelva.
Fuentes de consulta
- David A. Quebradas Angrino. La emoción, la razón y el
cerebro humano. Cuaderno de Neuropsicología Paranamericana Journal of
Neurophychology. Vol. 5, no. 2, diciembre de 2011. Disponible en: pepsic.bvsalud.org/pdf/cnps/v5n2/a06.pdf
- Mente y Cerebro. Retrospectiva Charles Scott Sherrington, sinapsis y
reflejos. Disponible en: https://www.investigacionyciencia.es/revistas/mente-y-cerebro/los-limites-del-ego-721/charles-scott-sherrington-sinapsis-y-reflejos-15793
- Arthur, Schopenhauer (1844). El mundo como voluntad y
representación. Disponible en:
juango.es/files/Arthur-Schopenhauer---El-mundo-como-voluntad-y-representacion.pdf
- Percy C. Acuña Vigil. El concepto de verdad y de certeza en
Descartes. Universidad Nacional de Ingeniería Universidad Nacional
Mayor de San Marcos. Disponible en: www.urbanoperu.com/sites/urbanoperu.com/files/descargas/el_concepto_de_verdad_y_de_certeza_en_descartes.pdf
- Manuel Desviat. El error de Descartes. Disponible en: www.atopos.es/pdf_14/2-4_El%20error%20de%Descartes.pdf
- Alfredo Marcos. Filosofía de la naturaleza humana. Departamento
de Filosofía/Universidad de Valladolid, España. Disponible en:
- René Descartes. Discurso del Método. Disponible en: www.posgrado.unam.mx/musica/lecturas/LecturaIntroduccionInvestigacionMusical/epistemologia/Descartes-Discurso-Del-Metodo.pdf
- David Hume. Investigación sobre el conocimiento humano.
Disponible en: www.unizar.es/departamentos/filosofia/documents/Hume-David-Investigacion-sobre-el
conocimiento-humano.pdf
- Stanislas Dehaene. La conciencia en el cerebro: Descifrando el enigma
de cómo el cerebro elabora nuestros pensamientos. Argentina, 2015. Disponible
en:
- J.L. González de Rivera. Estructura y función de la
mente humana. Psiquis 346/87 volumen VIII/87. Disponible en:
- Ruiz Limón, Ramón. El conocimiento silencioso. Disponible en: http://www.eumed.net/libros-gratis/2007a/260/index.htm
- Ruiz Limón, Ramón. Historia y evolución del pensamiento científico.
Disponible en: http://www.eumed.net/libros-gratis/2007a/257/index.htm
- Capítulo IV. La mente humana. Tesis.
Ramón Ruiz Limón.
Escritor e investigador en ciencias
de la salud, educación y filosofía de la ciencia. Asesor en redacción de Tesis
de Licenciatura, Maestría, Doctorado y Postdoctorado en español e inglés.
Autor de libros como:
Historia y evolución del pensamiento científico, el método científico y
sus etapas, el método didáctico y su relación con la ciencia, el conocimiento
silencioso, el viaje al poder de la conciencia, el poder de los dichos de la
boca y del pensamiento, entre otros.
[1] El
positivismo es una perspectiva científica que nació en 1840 en Europa propuesto
por August Comte, creador también de la Sociología. Sólo acepta como válidos
los conocimientos que proceden de la Experiencia, rechazando, por tanto, toda
noción a priori y todo concepto universal y absoluto. El hecho es la única
realidad científica y la experiencia y la inducción, son los métodos exclusivos
de la ciencia. El positivismo niega lo ideal.
[2] Su
precursor fue B. F. Skinner (1943) y su propósito se centró en estudiar el
comportamiento humano y animal a través del análisis experimental. Esta
perspectiva dejó a un lado la introspección y el mentalismo, es decir, la
autoobservación y el autoconocimiento no son variables consideradas dentro de
esta perspectiva científica.
[3]
Científico australiano quien ganó el premio Nobel de Medicina en 1963 y dirigió
un laboratorio de neurofisiología en Canberra, Australia. Fue alumno de Charles
Scott Sherrington en la Universidad de Oxford, autor del libro titulado: The Integrative Action of the Nervous
System (1906). Vivió de 1903 a 1997.
[4] Fue un
neurocirujano estadounidense nació en Montreal el 26 de enero de 1891 y murió
el 5 de abril de 1976. Contribuyó con importantes avances en el estudio del
tejido nervioso, de las enfermedades neurológicas, especialmente en la
epilepsia y en la técnica de la neurocirugía.
[5] El libro
de Mateo, es uno de cuatro libros como Marcos, Lucas y Juan, conocidos como los
Evangelios. Inician en la página 1329 y terminan en la 1512, estos hablan de
personas que estaban poseídas por espíritus inmundos o demonios. Afectaban su
conducta y su forma de vida de manera importante, puesto que los atormentaban
de gran manera principalmente en su salud física y mental (psicológica), es
decir, no tenían paz mental. Estos libros fueron escritos por sus autores hace
2000 años a partir de esta fecha.
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