Las fuerzas invisibles
del bien y del mal en el planeta Tierra.
Introducción
Desde la más remota antigüedad, el ser humano, sin lugar a
dudas, ha preguntado en algún momento de su vida, ¿cómo fue creado el Planeta
Tierra y todo cuanto hay en él (plantas, animales, el ciclo hidrológico del
agua, las estaciones del año, el movimiento de traslación y rotación del
planeta tierra, el sol, las estrellas, las lunas, las constelaciones y todo
cuanto existe en el Universo, es decir, la materia y la energía), sin dejar a
un lado al hombre; quién lo creó y hace cuánto fue creado?
¿Quién y cómo fue creado el ser humano?
Entonces dijo Dios:
Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y
señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en
toda la tierra y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dio lo creó;
varón y hembra, los creó. (Génesis 1: 26-27).
Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que
estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.
Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y
el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová entre los árboles
del huerto. (Génesis 3:
7-8).
Y dijo Jehová Dios: he aquí el hombre es como uno de
nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y
tome también el árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.
Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la
tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del
huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos
lados, para guardar el camino del árbol de la vida. (Génesis 3: 22-24).
Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse
sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios
(ángeles caídos) que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí
mujeres, escogiendo entre todas.
Y dijo Jehová: no contenderá mi espíritu con el hombre para
siempre, porque ciertamente él es carne; más serán sus días ciento veinte años.
Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también
después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les
engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron
varones de renombre.
Y vió Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la
tierra, y que todo designio de los pensamientos
del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.
Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y
le dolió en su corazón. Y dijo Jehová: raeré de sobre la faz de la tierra a los
hombres que le creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las
aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos creado.
Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová. (Génesis 6: 1-7).
Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra
llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida;
porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.
Dijo, pues, Dios a Noé: he decidido el fin de todo ser,
porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los
destruiré con la tierra. (Génesis
6: 11-13).
Más estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca tú,
tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos. Y toma contigo de todo
alimento que se come, y almacénalo, y servirá de sustento para ti y para ellos.
(Génesis 6: 18 y 21).
El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no
tiene ninguna. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y
caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas
como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. (Isaías 40: 29-31).
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy
tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la
diestra de mi justicia. (Isaías
41: 10).
2.- JESÚS DE NAZARET ES
LLEVADO AL DESIERTO Y TENTADO POR SATANÁS.
En un libro muy antiguo, conocido como la Santa Biblia reina
Valera 1960, dice lo siguiente: Jesús,
lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al
desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada
aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre.
Entonces el diablo le dijo: Si eres hijo de Dios, dí a esta
piedra que se convierta en pan. Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No
sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra de Dios.
Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un
momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda
esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a
quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos.
Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque
escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.
Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del
templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; porque escrito
esta: A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden, y, en las manos te
sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra.
Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor
tu Dios. Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un
tiempo. (Lucas 4: 1-12).
3.- EL QUERUBÍN
PERFECTO QUE FUE DESTERRADO DEL CIELO POR SU MALDAD: Satanás.
Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay
de los moradores de la tierra y del mar porque el diablo ha descendido a
vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo¡ (Apocalipsis 12:12).
Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo del hombre, di al
príncipe de Tiro: Así ha dicho Jehová el Señor: por cuanto se enalteció tu o corazón,
y dijiste: yo soy un dios, en el trono de Dios estoy sentado en medio de los mares
(siendo hombre y no Dios), y has puesto tu corazón como corazón de Dios; he
aquí que tú eres más sabio que Daniel; no hay secreto que te sea oculto.
Con tu sabiduría y con tu prudencia has acumulado riquezas, y
has adquirido oro y plata en tus tesoros. Con la grandeza de tu sabiduría en
tus contrataciones has multiplicado tus riquezas; y a causa de tus riquezas, se ha enaltecido tu corazón.
Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: por cuanto pusiste tu corazón como corazón de Dios, por tanto, he
aquí yo traigo sobre ti extranjeros, los fuertes de las naciones, que
desenvainarán sus espadas contra la hermosura de tu sabiduría, y mancharán tu
esplendor.
Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre,
levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: así ha dicho Jehová el Señor: tú
eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura.
En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra
preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y
ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación.
Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte
de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto
eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.
A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de
iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de
entre las piedras del fuego, oh querubín protector.
Se enalteció tu corazón
a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojé por
tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti.
Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus
contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de
ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de
todos los que te miran.
Todos lo que te conocieron de entre los pueblos se
maravillarán sobre ti; espanto serás, y para siempre dejarás de ser. (Ezequiel 28: 1-19).
3.- EL VERBO SE HIZO
CARNE Y VIVIÓ ENTRE NOSOTROS COMO HOMBRE.
Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame
de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.
La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides
a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se
tratan entre sí. Respondiendo Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y
quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua
viva.
La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo
es hondo. ¿De dónde, pues, tiene el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro
padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus
ganados?
Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta
agua, volverá a tener sed; más el que bebiere del agua que yo le daré, no
tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua
que salte para vida eterna.
La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo
sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá.
Respondiendo la mujer
y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido.
Porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; eso has
dicho con verdad.
Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.
Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el
lugar donde se debe adorar.
Jesús le dijo. Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en
este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no
sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los
judíos.
Más la hora viene, y ahora es, cuando los Verdaderos
Adoradores Adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre
tales adoradores busca que le adoren.
Dios es Espíritu, y los que le adoran, en espíritu y en
verdad en necesario que adoren.
Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el
Cristo, cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy,
el que habla contigo.
En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que
hablaba con una mujer, sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? O, ¿Qué
hablas con ella? Entonces la mujer dejo el cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a
los hombres; venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho, ¿No
será éste el Cristo? Entonces salieron de la ciudad y vinieron a él.
Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.
Él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. Entonces
los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrán traído alguien de comer?
Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me
envió, y que acabe su obra. (Juan 4: 7-34).
Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin
camino, sin hallar ciudad en donde vivir. Hambrientos
y sedientos, su alma desfallecía en ellos. Entonces clamaron a Jehová en su
angustia, y los libró de sus aflicciones.
Los dirigió por camino derecho, para que viniesen a ciudad
habitable. Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los
hijos de los hombres. Porque sacia al alma menesterosa, y llena de bien el alma
hambrienta.
Algunos moraban en tinieblas y sombra de muerte, aprisionados
en aflicción y en hierros. Por cuanto fueron rebeldes a las palabras de Jehová,
y aborrecieron el consejo del Altísimo.
Por eso quebrantó con el trabajo sus corazones; cayeron, y no
hubo quien los ayudase. Luego que clamaron
a Jehová en su angustia, los libró de sus aflicciones; los sacó de las
tinieblas y de la sobra de la muerte, y rompió sus prisiones.
Alaben la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con
los hijos de los hombres. Porque quebrantó las puertas de bronce, y desmenuzó
los cerrojos de hierro.
Fueron afligidos los insensatos, a causa del camino de su
rebelión y a causa de sus maldades; su alma abominó todo alimento, y llegaron
hasta las puertas de la muerte. Pero clamaron a Jehová en su angustia, y los
libró de sus aflicciones.
Envió su Palabra, y los sanó, y los libro de su ruina. Alaben
la misericordia de Jehová, y sus maravillas para con los hijos de los hombres.
Ofrezcan sacrificios de alabanza, y publiquen sus obras con júbilo. (Salmos 107: 4-22).
4.- LA VIDA DEL REY
SAÚL Y DE DAVID: dos
ungidos por Jehová.
Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de Adulam; y
cuando sus hermanos y toda la casa de su padre lo supieron, vinieron allí a él.
Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que
estaba endeudado, y todos los que se hallaban
en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como
cuatrocientos hombres.
Y se fue David de allí a Mizpa de Moab, y dijo al rey de
Moab: Yo te ruego que mi padre y mi madre estén con vosotros, hasta que sepa lo
que Dios hará de mí.
Los trajo, pues, a la presencia del rey de Moab, y habitaron
con él todo el tiempo que David estuvo en el lugar fuerte. Pero el profeta Gad
dijo a David; No te estés en este lugar fuerte; anda y vete a tierra de Judá. Y
David se fue, y vino al bosque de Haret. (1 Samuel 22:1-5).
Entonces Doeg edomita, que era el principal de los siervos de
Saúl, respondió y dijo: Yo vi al hijo de Isaí que vino a Nob, a Ahimelec hijo
de Ahitob, el cual consultó por él a Jehová y le dio provisiones, y también le
dio la espada de Goliat el filisteo.
Y el rey (Saúl) envió por el sacerdote Ahimelec hijo de
Ahitob, y por toda la casa de su padre, los sacerdotes que estaban en Nob; y
todos vinieron al rey. Y Saúl le dijo: Oye ahora, hijo de Ahitob. Y él dijo:
Heme aquí, señor mío.
[…] Volveos y matad a los sacerdotes de Jehová; porque
también la mano de ellos está con David, pues sabiendo ello que huía, no me lo
descubrieron. Pero los siervos del rey no quisieron extender sus manos para
matar a los sacerdotes de Jehová.
Entonces dijo el rey a Doeg: Vuélvete tú, y arremete contra
los sacerdotes. Y se volvió Doeg el edomita y acometió a los sacerdotes, y mató
en aquel día a ochenta y cinco varones que vestían efod de lino.
Y a Nob, ciudad de sacerdotes, hirió a filo de espada; así a
hombres como a mujeres, niños y hasta los de pecho, bueyes, asnos y ovejas,
todo lo hirió a filo de espada.
Pero uno de los hijos de Ahimelec hijo de Ahitob, que se
llamaba Abiatar, escapó, y huyó tras David. Y Abiatar dio aviso a David de cómo
Saúl había dado muerte a los sacerdotes de Jehová. (1 Samuel 22:1-5, 9-12, 17-19 y
21-22).
David entonces se levantó contra sus hombres, que eran como
seiscientos, y salieron de Keila, y anduvieron de un lugar a otro. Y vino a
Saúl la nueva de que David se había escapado de Keila, y desistió de salir.
Y David se quedó en el desierto en lugares fuertes, y
habitaba en un monte en el desierto de Zif; y lo buscaba Saúl todos los días,
pero Dios no lo entregó en sus manos.
Viendo, pues, David que Saúl había salido en busca de su vida, se estuvo en Hores, en el desierto de Zif. Entonces se levantó Jonatán hijo de Saúl y vino a David a Hores, y fortaleció su mano en Dios.
Y le dijo: No temas,
pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y
yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe. Y ambos
hicieron pacto delante de Jehová; y David se quedó en Hores, y Jonatán se
volvió a su casa. (1
Samuel 23: 13-18).
Si temiereis a Jehová y le sirviéreis,
y oyeres su voz, y no fuereis Rebeldes a la Palabra de Jehová, y si tanto
vosotros como el rey que reina sobre vosotros servís a Jehová vuestro Dios,
haréis bien.
Más si no oyereis la voz de Jehová, y
si fuereis Rebeldes a la Palabra de Jehová, la mano de Jehová estará contra
vosotros como estuvo contra vuestros padres. (1 Samuel 12: 14-15).
No os apartéis en pos de Vanidades que no aprovechan ni
libran, porque son vanidades. Pues Jehová no desamparará a su pueblo, por su
grande nombre; porque Jehová ha querido haceros pueblo suyo.
Solamente temed a Jehová y servidle de verdad con todo
vuestro Corazón, pues, considerad cuán grandes cosas ha hecho por vosotros.
Más si perseverareis en hacer mal, vosotros y vuestro rey
perecerá. (1 Samuel 12:
21-22. Y 24-25).
5.- ¿EN QUIÉN DEBEMOS
PONER LA CONFIANZA Y A QUIÉN DEBEMOS OFRECER NUESTROS PROYECTOS DE VIDA?
Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre. Mejor es
confiar en Jehová que confiar en príncipes. (Salmos 118: 8-9).
Bienaventurados los
perfectos de camino,
los que andan en la Ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus
testimonios, y con todo corazón le buscan; pues no hacen iniquidad los que
andan en sus caminos.
¿Con qué limpiará el
joven su camino? Con
guardar tu Palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no me dejes desviarme de
tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra
ti. En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos.
De todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu Palabra.
Lámpara es a mis pies tu Palabra, y Lumbrera a mi camino. Juré y ratifiqué que
guardaré tus justos juicios. (Salmos 119:1-3, 9-11 y 15, 101 y
105-106).
El rey David, es ungido por el profeta Samuel, y luchó contra
el gigante filisteo llamado Sansón. Después de golpear la cabeza de este con la
piedra y una honda y por supuesto, con la ayuda de Jehová Dios es considerado
un hombre de valor.
Sin embargo, su valentía hace despertar en el rey Saúl la
envidia y este comienza a rechazarlo e inclusive desea la muerte de David. Al
darse cuenta de esta actitud por parte de Saúl, David decide huir y se va a
refugiar a la cueva con los cuatrocientos.
Desde los veinte años hasta los veintinueve años, David se la
paso huyendo de Saúl y finalmente, cuando Saúl es asesinado y toda su familia,
David es propuesto como rey para gobernar
Judá y Jerusalén.
A los treinta años comenzó su reinado, y reinó durante
cuarenta años, a los sesenta años durmió, y le sucedió en su reino su hijo
Salomón, este también gobernó cuarenta años, y después de él, el reino se
dividió tal como lo había anunciado Jehová Dios, esto debido a que el rey
Salomón se desvió de cumplir con los estatutos, decretos y mandamientos que
Jehová les había prescrito, puesto que, este tuvo mil mujeres, y la gran
mayoría de ellas provenían de otros pueblos que adoraban a ídolos.
Y pondré mi Espíritu en
vosotros, y
viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová
hablé, y lo hice, dice Jehová.
Y haré con ellos pacto de paz, pacto perpetuo será con ellos;
y los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para
siempre. Estaré en medio de ellos mi tabernáculo, y seré a ellos por Dios, y
ellos me serán por pueblo.
Y sabrán las naciones que yo Jehová santifico a Israel,
estando mi santuario en medio de ellos para siempre. (Ezequiel 37: 14, 26-28).
Porque todos los ojos de Jehová contemplan toda la tierra,
para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él.
[…]. (2 Crónicas 16: 9).
Si tú dispusieres tu corazón, y extendieres a él (Jehová
Dios) tus manos; si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echares de ti, y
no consintieres que more en tu casa la injusticia.
Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha, y serán
fuerte, y nada temerás; y olvidarás tu miseria, o te acordarás de ella como de
aguas que pasaron.
La vida te será más clara que el mediodía; aunque
oscureciere, será como la mañana. Tendrás confianza, porque hay esperanza;
mirarás alrededor, y dormirás seguro.
Te acostarás, y no habrá quien te espante; y muchos
suplicarán tu favor. (Job
11: 13-19).
Con Dios está la
sabiduría y el poder, suyo es el consejo y la inteligencia.
Si el derriba, no hay quien edifique; encerrará al hombre, y
no habrá quien abra. Si él detiene las aguas, todo se seca; se las envía,
destruyen la tierra. Con él está el poder y la sabiduría; suyo es el que yerra,
y el que hace errar.
El hace andar despojados de consejo a los consejeros, y
entontece a los jueces. El rompe las cadenas de los tiranos, y les ata una soga
a sus lomos. El lleva despojados a los príncipes, y trastorna a los poderosos.
Priva de habla a los que dicen verdad, y quita a los ancianos
el consejo. El quita el entendimiento a los jefes del pueblo de la tierra, y
los hace vagar como por yermo sin camino.
Van a tientas, como en tinieblas y sin luz, y los hace errar
como borrachos. (Job 12:
13- 25).
Cuando me acuerde de ti en mi lecho, cuando medite en ti en
las vigilias de la noche. Porque has sido mi socorro, y así en la sombra de tus
alas me regocijaré. Está mi alma apegada a ti; tu diestra me ha sostenido. (Salmos 63: 6-8).
La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de
Jehová sopló en ella: ciertamente como hierba es el pueblo. Sécase la hierba,
marchítese la flor; más la Palabra de Dios nuestro permanece para siempre. (Isaías 40: 7-8).
Él está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos
moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los
despliega como una tienda para morar.
El convierte en nada a los poderosos, y a los que gobiernan la tierra
hace como cosa vana.
(Isaías 40: 22-23).
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy
tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la
diestra de mi justicia. (Isaías
41: 10).
He aquí que todos los que se enojan contra ti serán
avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden
contigo. Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los hallarás; serán
como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra.
Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano
derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo.
No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel;
yo soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu Redentor.
He aquí que yo te he puesto por trillo, trillo nuevo, lleno
de dientes; trillarás montes y los molerás, y collados reducirás a tamo.
Los aventarás, y los llevará el viento, y los esparcirá el
torbellino; pero tú te regocijarás en Jehová, te gloriaras en el Santo de
Israel. (Isaías 41:
11-16).
Los afligidos y menesterosos buscaran las aguas, y no las
hay, seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel, no
los desampararé.
En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles;
abriré en el desierto estanque de aguas, y manantiales de aguas en la tierra
seca. (Isaías 41:
17-18).
Así dice Jehová Dios, Creador de los cielos, y el que los
despliega; el que extiende la tierra y sus productos, el que da aliento al
pueblo que mora sobre ella, y espíritu a los que por ella andan:
Yo Jehová te he llamado en justicia y te sostendré por la
mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por la luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los
presos, y de casa de prisión a los que moran en tinieblas.
Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni
mi alabanza a esculturas. (Isaías 42: 5-8).
Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré
andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las
tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los
desampararé.
Serán vueltos atrás y en extremo confundidos los que confían
en ídolos, y dicen a las imágenes de fundición: vosotros sois nuestros dioses. (Isaías 42: 16-17).
Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria
de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra,
y oscuridad las naciones; más sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista
su gloria.
Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de
tu nacimiento. (Isaías
60: 1-3).
El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió
Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los
quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos
apertura de la cárcel, a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el
día de venganza del Dios nuestro.
A consolar a todos los enlutados, a ordenar que a los
afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de
luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados
árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.
Y vosotros seréis llamados sacerdotes de Jehová, ministros de
nuestro Dios seréis llamados; comeréis las riquezas de las naciones, y con su
gloria seréis sublimes. (Isaías
61: 1-3, y 6).
Si dijeres en tu corazón; ¿Por qué me ha sobrevenido esto?
Para la enormidad de tu maldad fueron descubiertas tus faldas, fueron
desnudados tus calcañares.
Reconocemos, oh Jehová, nuestra impiedad, la iniquidad de
nuestros padres; porque contra ti hemos pecado.
Por amor a tu nombre no nos deseches, ni deshonres tu
glorioso trono, acuérdate, no invalides tu pacto con nosotros. (Jeremías 13:22 y 14: 20-21).
Jehová es mi Pastor; nada me faltará. En lugares de delicados
pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi
Alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
Aunque ande en Valle de Sombra de Muerte[1], no
temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu Vara y tu Cayado me infundirán
aliento. (Salmo 23:
1-4).
¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar
santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado su Alma a
cosas Vanas, ni jurado con engaño.
El recibirá bendición de Jehová, y justicia del Dios de
salvación. (Salmos 24:
3-5).
Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus Sendas. Encamíname en tu Verdad, y
enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el
día.
Acuérdate, oh Jehová, de tus piedades y de tus misericordias,
que son perpetúas. De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te
acuerdes; conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad, oh Jehová.
(Salmos 25: 4-7).
¿Quién es el hombre que teme a Jehová? Él le enseñará el
camino que ha de escoger. Gozará él de bienestar, y su descendencia heredará la
tierra.
La comunión íntima de Jehová es con los que temen, y a ellos
hará conocer su pacto. Mis ojos están siempre hacia Jehová, porque él saciará mis
pies de la red. (Salmos
25: 12-15).
6.- Un ejemplo de la
ayuda que Jehová proporciona a sus siervos.
Dieron aviso a David, diciendo: He aquí que los filisteos
combaten a Keila, y roban las eras. Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Iré a
atacar a estos filisteos? Y Jehová respondió a David: Ve, ataca a los
filisteos, y libra a Keila.
Pero los que estaban con David le dijeron: He aquí que
nosotros aquí en Judá estamos con miedo, ¿cuánto más si fuéremos a Keila contra
el ejército de los filisteos?
Entonces David volvió a consultar a Jehová. Y Jehová le
respondió y dijo: Levántate, desciende a Keila, pues, yo entregaré en tus manos
a los filisteos.
Fue, pues, David con sus hombres a Keila, y peleó contra los
filisteos, se llevó sus ganados, y les causó una gran derrota; y libró David a
los de Keila. (1 Samuel
23: 1-5).
Como el siervo brama por las corrientes de las aguas, así
clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;
¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? (Salmos 42:1-2).
Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y
por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto
todos pecaron. Pues, antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no
hay ley no se inculpa de pecado.
No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en
los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es la figura
del que había de venir.
Pero el don no fue como la transgresión, porque ni por la
transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los
muchos la Gracia y el Don de Dios por la Gracia de un hombre, Jesucristo.
Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó;
porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación,
pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. (Romanos 5: 12-16).
Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte,
mucho más reinarán en vida por uno solo. Jesucristo, los que reciben la
abundancia de la Gracia y del Don de la Justicia.
Así que, como por la transgresión de uno vino la Condenación
a todos los hombres, de la misma manera por la Justicia uno vino a todos los
hombres, la justificación de vida.
Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; más
cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el Pecado
reinó para muerte, así también la Gracia reine por la justicia para vida eterna
mediante Jesucristo, Señor Nuestro. (Romanos 5: 17-21).
Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el
bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del
Padre, así también nosotros andemos en Vida Nueva.
Porque fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de
su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección, sabiendo esto, que
nuestro Viejo Hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del
pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. (Romanos 6: 4-6).
Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas;
más en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al
pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo
que lo obedezcáis en sus Concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros
miembros al Pecado como instrumentos de Iniquidad, sino presentaos vosotros
mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros en Dios como
instrumentos de justicia.
Porque el Pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no
estáis bajo la Ley, sino bajo la Gracia.
¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino
bajo la gracia? En ninguna manera.
¿No sabéis que si sometéis a alguien como esclavos para
obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del Pecado para Muerte,
o sea de la Obediencia para Justicia?
Pero gracias a Dios, que aunque eráis esclavos del Pecado,
habéis obedecido de Corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis
entregados, y libertados del Pecado, vinisteis a ser siervos de la Justicia.
Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como
para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la Inmundicia y a
la Iniquidad, así ahora para Santificación presentad vuestro miembros para
servir a la justicia.
Por cuanto erais esclavos del Pecado, erais libres acerca de
la Justicia. ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os
avergonzáis? Porque el fin de ellas es Muerte.
Más ahora que habéis sido libertados del Pecado y hecho
siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la Santificación, y como fin, la Vida
Eterna. Porque la paga del Pecado es Muerte, más la dádiva de Dios es Vida
Eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro. (Romanos 6: 10-23).
¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?
¿No es de vuestras Pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?
Codiciáis, y no tenéis; matáis y andéis de envidia, y no podéis alcanzar;
combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís, pedís, y no
recibís, porque pedís mal, para gastar en Vuestros Deleites.
¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es
enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se
constituye enemigo de Dios.
¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él
ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? (Santiago 4: 1-5).
Someteos, pues, a Dios, resistid al diablo, y huirá de
vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las
manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. (Santiago 4: 7-8).
Humillaos delante del Señor, y él os exaltará. (Santiago 4: 10).
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha
librado de la ley del pecado y de la muerte.
Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil
por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a
causa del Pecado, condenó al Pecado en la carne; para que la justicia de la ley
se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al
Espíritu.
Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la
carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el
ocuparse de la Carne (cuerpo) es Muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida
y paz.
Por cuanto los
designios de la Carne (el cuerpo y el mundo) son enemistad contra Dios; por
que no se sujetan a la Ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne (el cuerpo y el mundo) no pueden agradar a
Dios.
Más vosotros que no vivís según la Carne (Cuerpo y el mundo),
sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y su
alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está
muerto a causa del Pecado, más el Espíritu vive a causa de la Justicia, y si el
Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que
levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos
mortales por su Espíritu que mora en vosotros.
Así que, hermanos, deudores
somos, no a la Carne (el cuerpo y el mundo), para que vivamos conforme a la
carne (el cuerpo y al mundo); porque si vivís conforme a la carne (el cuerpo y
el mundo), moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir la obras de la carne
(el cuerpo y el mundo), viviréis.
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios,
éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para
estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por
el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que
somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos, herederos de Dios y
coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que
juntamente con él seamos glorificados. (Romanos 8: 2-17).
7.- Conclusiones
Pues, como hemos visto en cada uno de los párrafos
anteriores, si continuamos viviendo nuestra vida cotidiana, conforme a los
deseos y concupiscencias del cuerpo y del mundo, entonces nos convertimos en enemigos de Jehová Dios.
Por lo tanto, debemos de aprender, a reflexionar en nuestro
corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay
otro. Ante esto, debemos guardar sus estatutos y sus mandamientos, los cuales
ha puesto a disposición nuestra a través de los profetas.
Si queremos que nos vaya bien a nosotros y a nuestros hijos
después de nosotros, y se prolongue nuestros días sobre la tierra y abunden las
bendiciones en todo lo que tengamos y hagamos.
Entonces debemos de reconocer, como dice Deuteronomio 32: 39,
“Ved
ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo; yo hago morir, y yo hago vivir;
yo hiero, y yo sano; no hay quien pueda librar de mi mano”.
Mira, yo he puesto delante de ti hoy la Vida y el Bien, la
Muerte y el Mal; porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en
sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que
vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra… (Deuteronomio 30: 15-16).
Más si tu corazón (la conciencia o atención plena) se
apartaré y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses ajenos y
les sirvieres, yo os protesto hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis
vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando...
A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra
vosotros, que os he puesto delante la Vida y la Muerte, la Bendición y la
Maldición; escoge, pues, la Vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a
Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es Vida para
ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra… (Deuteronomio 30: 17-20).
Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de
ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te
desamparará. Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te
desamparará; no temas ni te intimides. (Deuteronomio 31: 6 y 8).
Porque yo sé los Pensamientos que tengo acerca de vosotros,
dice Jehová, Pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.
Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis
y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. (Jeremías 29: 11-13).
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de
él emana: La vida y la muerte.
Ramón
Ruiz Limón.
Escritor e investigador en ciencias de la salud, educación y
filosofía de la ciencia. Asesor en redacción de Tesis de Licenciatura,
Maestría, Doctorado y Postdoctorado en español e inglés.
Autor de libros como:
Historia y evolución del pensamiento científico, el método científico y
sus etapas, el método didáctico y su relación con la ciencia, el conocimiento
silencioso, el viaje al poder de la conciencia, el poder de los dichos de la
boca y del pensamiento, entre otros.
[1]
David en la cueva de Adulam. Yéndose luego David de allí, huyó a la cueva de
Adulam; y cuando sus hermanos y toda la casa de su padre supieron, vinieron
allí a él. Y se juntaron con él todos los Afligidos; y todo el que estaba
Endeudado, y todos los que se hallaban en Amargura de Espíritu y fue hecho Jefe
de ellos, y tuvo consigo como cuatrocientos hombres. (1 Samuel 22: 1-2. Biblia
Reina Valera 1960).
No hay comentarios:
Publicar un comentario