martes, 19 de marzo de 2019

La soledad y su relación con la construcción de una recta conciencia





La soledad puede manejarse como una oportunidad para que se manifieste la singularidad en las personas. Si se comprende, que esta experiencia, contribuye a favorecer la maduración emocional y cognitiva en el desarrollo humano.

El conseguir esto en la psicoterapia, implica un cambio en el concepto de sí mismo, y en la forma que se establecen las relaciones interpersonales, por ejemplo, en las relaciones de pareja, el trabajo con estos sentimientos, permitirá la posibilidad de expresarse en forma más auténtica y espontánea.

Los cambios en la concepción de sí mismo, se producen cuando se aventura la persona a experimentar esta singularidad, que no puede anticipar, sino se anima a vivirla dentro del proceso de enfrentar su propia soledad.

Aunque este proceso puede llevarse a cabo, recurriendo al empleo de los propios recursos y fortalezas, es recomendable que, se acompañe de ayuda profesional. Una vez que, se adquiere autoconsciencia de la soledad, se da un nuevo comienzo en el que se podrá experimentar emociones, sentimientos y pensamientos con mayor libertad.

En la psicoterapia de soledad, la separación o pérdida, no es lo que origina la crisis, sino el “falso yo” que, construyen las personas alrededor de sí mismas, y a partir de este sector, se actúa en cualquiera de los ámbitos, que funciona como un mecanismo de defensa (identificando amigos y enemigos, según sean las circunstancias, lo bueno y lo malo a parte de este tipo de consciencia foránea), para enfrentar situaciones de la vida cotidiana que traen experiencias de dolor, sufrimiento, angustia, desesperación y que acompañan las relaciones vinculantes entre las personas. (Joel Moguel M. pág. 77).

Este mecanismo impide y  mutila la posibilidad de reconocerse a sí mismo en la singularidad. Lo anterior es debido, al diálogo interior y sus voces, que la persona escucha en el interior de su mente sin que ella se dé cuenta.

El enfoque de una psicología de la singularidad, nos aporta, otra forma de trabajar de los duelos (dificultades o problemas), orienta hacia el tránsito de una vida original y única.

La región de la soledad es un espacio dinámico en el que se puede entrar o salir según las necesidades de maduración emocional o psicológica, para enfrentar situaciones de la vida que traen experiencias de dolor, y que acompañan a las relaciones vinculares humanas.

El desapego es una condición necesaria para el descubrimiento de sí mismo en las relaciones con los otros, si no se establece contacto con la soledad, es difícil poder percatarse de la singularidad que existe en un mismo, y que impulsa al desarrollo de la creatividad y originalidad.

En la singularidad no existe manera de anticiparse a lo que va suceder emocional y sentimentalmente en uno mismo, y tampoco lo que sucederá en las relaciones significativas.

Por lo que toda preocupación basada en algo ya establecido por el pasado o futuro, deja de existir como basada en algo que frena la posibilidad de ser con el otro.

Una de las formas más frecuentes en que se manifiesta el estar solo, es el saber que uno es el responsable de su propia vida y conducta. Esto se logra cuando se moldean las emociones para que se facilite este desprendimiento, abriéndose un nuevo mundo lleno de posibilidades que no puede imaginar la persona, porque la singularidad, es extraña y rompe con los patrones establecidos, lleva a colocar a las personas en lugares que desconoce, pudiendo cambiar su vida significativamente.

La singularidad en la región de la soledad, es un espacio-tiempo de oportunidad para liberarse del autoengaño. Dicho de otro modo, implica construir un entorno interno, que pueda reflejar lo que verdaderamente somos, lograr habitar en una región espacio-temporal donde se construyan nuevas reglas, y estas, pueden ser que, no empaten con las costumbres, normas o estereotipos vigentes de una época. Como bien se ilustra en una de las obras de Jalil Gibran.

La soledad es un consuelo para un alma entristecida, que aborrece a los que la rodean, igual que un ciervo herido cuando abandona su rebaño (manada) para refugiarse en una cueva, en la que sobrevira o morirá.

La soledad es un fenómeno de la naturaleza, que nos permite percatarnos de nuestra ignorancia, al establecer contacto con la mismidad. Los receptores sensoriales del encéfalo se hacen más sensible, y esto permite un mayor acceso a la información interna o externo.

Una de las emociones, que se presentan en el proceso de hacer frente a los sentimientos de soledad, es el temor a no tener de donde sujetarse. La necesidad de sentirse parte de algo o alguien, es una condición existencial humana, que aparece en las separaciones, pérdidas, distanciamientos o los sentimientos de abandono, que forman parte de la vivienda subjetiva de la soledad.

En la mayoría de los casos, la soledad está asociada a una experiencia negativa, que hay que superar, para ya no sentir esa sensación de vacío, solo en dos casos se refieren que la experiencia les contribuyo a fortalecer los sentimiento de autonomía, seguridad emocional y creatividad.

Hay personas en las cuales, se han acostumbrado a vivir en forma permanente con un inmenso vacío creyendo que les aporta creatividad, lo usan como una forma de vida.

Es importante mencionar, que existe una expresión de miedo que se ha identificado en estas personas al momento le hacerles la siguiente pregunta ¿alguna vez te has sentido sola o solo (han experimentado un vació inmenso en tu interior)?

Por ejemplo, en otro contexto experimental, una mesera respondió a esa misma pregunta, lo siguiente: ¡sí, me he sentido sola¡ mientras su rostro cambiaba a la tristeza y sus ojos se ponían húmedos por las lágrimas derramadas, al momento de hacer referencia al ¿cuándo? Esta persona contestó “siempre”.

Después de un silencio que duró unos segundos, se incorporó a sus labores para ya no hablar más del asunto. El ser solitario también puede ser una forma de vida, que invade todas las esferas de la vida, aunque se busque sujetarse de algo o alguien para olvidarse de la sensación que vive diariamente. (pág. 75)

Una gran parte de la información que sucede en nuestro interior, se produce sin acceso consciente, es decir, no tenemos control de ella. Nuestra ignorancia sobre nosotros mismos, depende por decirlo de otra forma, de la capacidad de la corteza cerebral para reducir los efectos de la estimulación externa, sobre la memoria implícita, que es la que da dirección al comportamiento involuntario.

La singularidad aparece en el punto donde la disolución del yo (ego) produce una discontinuidad (singularidad), donde el pasado y el futuro dejar ser la frontera del pensamiento. (Pág. 65)

Se nos ha dotado de una facultad que evita que seamos absorbidos por los dictados del mundo social, que en ocasiones pueden llegar a bloquear nuestro potencial del ser.

La soledad en la cultura se vive en angustia, debido al desconocimiento que se tiene de ella, cuando una persona se da cuenta, que no tiene sentido seguir sosteniendo la “ilusión de un yo falso (ego)”, que nada tiene que ver con él mismo, ni con su experiencia fenoménica, entonces se libera y permite la expresión de su singularidad como ser humano.

La fórmula que se aplica por decirlo de algún modo, es estar en función del otro para poder ser. Por eso es tan difícil, que las personas adquieran responsabilidad por sí mismos, y busquen la maduración de su encéfalo, y con ello, también su autonomía y originalidad.

El círculo vicioso se reproduce de generación en generación durante años ya años en la humanidad, se evita lo más posible conocer cuál es la historia detrás de lo que somos.
No hay contacto con uno mismo en la soledad, puesto que, sólo se estimula al cerebro desde el exterior sin ponerle atención al sector inconsciente o a la parte interior del ser humano.

Por lo tanto, hasta donde es posible se evita el desarrollo del encéfalo lo cual puede permitir aumentar el potencial de ser, y con ello, dotar al sujeto con mayores recursos o para responder al entorno.

Hoy en día resulta paradójico, que aunque la tecnología de las comunicaciones ha acortado la distancia entre los seres humanos, la comunicación personal y consigo mismo parece evitarse, es como una especie de búsqueda de sí mismo en el exterior, que lleva a un sentimiento de vació que no puede ser llenado.

Las personas poder seguir sintiendo soledad aun intercambiando mensajes con miles de personas, drogándose o buscando experiencias externas en cualquier lugar de la sociedad, etc. (las personas compran, venden, viajan, y hacen muchas cosas creyendo que eso les traerá felicidad, dicha, paz o dicha).

            Autores como Joel Moguel Mondragón, en el párrafo número tres en la página número cincuenta y tres, en el Libro titulado: Soledad y singularidad, México 2016, señala lo siguiente:

“Desafortunadamente se carece de una orientación adecuada para hacerle frente (soledad), y en ocasiones, esto pueden producir una crisis de angustia, que lleve al suicidio o al desarrollo de neuropsicopatologías. Sin embargo, que existen casos extremos, no quieren decir, que la causante de estos infortunios sea la soledad”.

RUIZ LIMÓN, RAMÓN

INVESTIGADOR Y ASESOR EN REDACCIÓN DE TESIS: LICENCIATURA, MAESTRÍA, DOCTORADO Y POSTDOCTORADO, EN ESPAÑOL E INGLÉS.

AUTOR DE LIBROS COMO: Historia y evolución del pensamiento científico, el método científico y sus etapas, el conocimiento silencioso, el viaje al poder de la conciencia, los métodos didácticos y su relación con la ciencia, el poder de los dichos de la boca y del pensamiento, entre otros.

Palabras clave
Autoengaño, miedo, temor, angustia, falso yo (conciencia foránea), singularidad, mecanismo de defensa, falta de originalidad y autenticidad, hombres de segunda mano.

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