La soledad puede manejarse como una oportunidad para que se manifieste la singularidad en las
personas. Si se comprende, que esta experiencia, contribuye a favorecer la maduración emocional y cognitiva en
el desarrollo humano.
El conseguir esto en la psicoterapia, implica un cambio en el concepto de sí mismo, y en la forma que se
establecen las relaciones interpersonales, por ejemplo, en las relaciones de
pareja, el trabajo con estos sentimientos, permitirá
la posibilidad de expresarse en forma más auténtica y espontánea.
Los cambios en la
concepción de sí mismo, se producen cuando se aventura la persona a experimentar esta
singularidad, que no puede anticipar, sino se anima a vivirla dentro del
proceso de enfrentar su propia soledad.
Aunque este proceso puede llevarse a cabo, recurriendo al
empleo de los propios recursos y fortalezas, es recomendable que, se acompañe
de ayuda profesional. Una vez que, se adquiere
autoconsciencia de la soledad, se da un nuevo comienzo en el que se podrá
experimentar emociones, sentimientos y pensamientos con mayor libertad.
En la psicoterapia de soledad, la separación o pérdida, no es
lo que origina la crisis, sino el “falso yo” que, construyen las personas alrededor
de sí mismas, y a partir de este sector, se actúa en cualquiera de los ámbitos,
que funciona como un mecanismo de defensa (identificando amigos y enemigos,
según sean las circunstancias, lo bueno y lo malo a parte de este tipo de
consciencia foránea), para enfrentar situaciones de la vida cotidiana que traen
experiencias de dolor, sufrimiento, angustia, desesperación y que acompañan las
relaciones vinculantes entre las personas. (Joel Moguel M. pág. 77).
Este mecanismo impide y
mutila la posibilidad de reconocerse
a sí mismo en la singularidad. Lo anterior es debido, al diálogo interior y
sus voces, que la persona escucha en el interior de su mente sin que ella se dé
cuenta.
El enfoque de una psicología de la singularidad, nos aporta,
otra forma de trabajar de los duelos (dificultades o problemas), orienta hacia
el tránsito de una vida original y única.
La región de la soledad es un espacio dinámico en el que se
puede entrar o salir según las necesidades de maduración emocional o
psicológica, para enfrentar situaciones de la vida que traen experiencias de
dolor, y que acompañan a las relaciones vinculares humanas.
El desapego es una condición necesaria para el
descubrimiento de sí mismo en las relaciones con los otros, si no se establece
contacto con la soledad, es difícil poder percatarse de la singularidad que
existe en un mismo, y que impulsa al desarrollo de la creatividad y
originalidad.
En la singularidad no existe manera de anticiparse a lo que
va suceder emocional y sentimentalmente en uno mismo, y tampoco lo que sucederá
en las relaciones significativas.
Por lo que toda preocupación basada en algo ya establecido
por el pasado o futuro, deja de existir como basada en algo que frena la
posibilidad de ser con el otro.
Una de las formas más frecuentes en que se manifiesta el
estar solo, es el saber que uno es el responsable de su propia vida y conducta.
Esto se logra cuando se moldean las emociones para que se facilite este
desprendimiento, abriéndose un nuevo mundo lleno de posibilidades que no puede
imaginar la persona, porque la singularidad, es extraña y rompe con los
patrones establecidos, lleva a colocar a las personas en lugares que desconoce,
pudiendo cambiar su vida significativamente.
La singularidad en la región de la soledad, es un espacio-tiempo
de oportunidad para liberarse del
autoengaño. Dicho de otro modo, implica construir un entorno interno, que
pueda reflejar lo que verdaderamente somos, lograr habitar en una región
espacio-temporal donde se construyan nuevas reglas, y estas, pueden ser que, no
empaten con las costumbres, normas o estereotipos vigentes de una época. Como
bien se ilustra en una de las obras de Jalil Gibran.
La soledad es un consuelo para un alma entristecida, que aborrece a los
que la rodean, igual que un ciervo herido cuando abandona su rebaño (manada)
para refugiarse en una cueva, en la que sobrevira o morirá.
La soledad es un fenómeno de la naturaleza, que nos permite
percatarnos de nuestra ignorancia, al establecer contacto con la mismidad. Los
receptores sensoriales del encéfalo se hacen más sensible, y esto permite un
mayor acceso a la información interna o externo.
Una de las emociones, que se presentan en el proceso de hacer
frente a los sentimientos de soledad, es el
temor a no tener de donde sujetarse. La necesidad de sentirse parte de algo
o alguien, es una condición existencial humana, que aparece en las
separaciones, pérdidas, distanciamientos o los sentimientos de abandono, que
forman parte de la vivienda subjetiva de la soledad.
En la mayoría de los casos, la soledad está asociada a una
experiencia negativa, que hay que superar, para ya no sentir esa sensación de
vacío, solo en dos casos se refieren que la experiencia les contribuyo a
fortalecer los sentimiento de autonomía, seguridad emocional y creatividad.
Hay personas en las cuales, se han acostumbrado a vivir en
forma permanente con un inmenso vacío creyendo que les aporta creatividad, lo
usan como una forma de vida.
Es importante mencionar, que existe una expresión de miedo
que se ha identificado en estas personas al momento le hacerles la siguiente
pregunta ¿alguna vez te has sentido sola o solo (han experimentado un vació
inmenso en tu interior)?
Por ejemplo, en otro contexto experimental, una mesera
respondió a esa misma pregunta, lo siguiente: ¡sí, me he sentido sola¡ mientras
su rostro cambiaba a la tristeza y sus ojos se ponían húmedos por las lágrimas
derramadas, al momento de hacer referencia al ¿cuándo? Esta persona contestó
“siempre”.
Después de un silencio que duró unos segundos, se incorporó a
sus labores para ya no hablar más del asunto. El ser solitario también puede
ser una forma de vida, que invade todas las esferas de la vida, aunque se
busque sujetarse de algo o alguien para olvidarse de la sensación que vive
diariamente. (pág. 75)
Una gran parte de la información que sucede en nuestro
interior, se produce sin acceso consciente, es decir, no tenemos control de
ella. Nuestra ignorancia sobre nosotros mismos, depende por decirlo de otra
forma, de la capacidad de la corteza cerebral para reducir los efectos de la
estimulación externa, sobre la memoria implícita, que es la que da dirección al
comportamiento involuntario.
La singularidad aparece en el punto donde la disolución del
yo (ego) produce una discontinuidad (singularidad), donde el pasado y el futuro
dejar ser la frontera del pensamiento. (Pág. 65)
Se nos ha dotado de una facultad que evita que seamos
absorbidos por los dictados del mundo social, que en ocasiones pueden llegar a
bloquear nuestro potencial del ser.
La soledad en la cultura se vive en angustia, debido al
desconocimiento que se tiene de ella, cuando una persona se da cuenta, que no
tiene sentido seguir sosteniendo la “ilusión de un yo falso (ego)”, que nada
tiene que ver con él mismo, ni con su experiencia fenoménica, entonces se
libera y permite la expresión de su singularidad como ser humano.
La fórmula que se aplica por decirlo de algún modo, es estar
en función del otro para poder ser. Por eso es tan difícil, que las personas
adquieran responsabilidad por sí mismos, y busquen la maduración de su encéfalo, y con ello, también su autonomía y originalidad.
El círculo vicioso se reproduce de generación en generación
durante años ya años en la humanidad, se evita lo más posible conocer cuál es
la historia detrás de lo que somos.
No hay contacto con uno mismo en la soledad, puesto que, sólo
se estimula al cerebro desde el exterior sin ponerle atención al sector
inconsciente o a la parte interior del ser humano.
Por lo tanto, hasta donde es posible se evita el desarrollo
del encéfalo lo cual puede permitir aumentar el potencial de ser, y con ello,
dotar al sujeto con mayores recursos o para responder al entorno.
Hoy en día resulta paradójico, que aunque la tecnología de
las comunicaciones ha acortado la distancia entre los seres humanos, la
comunicación personal y consigo mismo parece evitarse, es como una especie de
búsqueda de sí mismo en el exterior, que lleva a un sentimiento de vació que no
puede ser llenado.
Las personas poder seguir sintiendo soledad aun intercambiando
mensajes con miles de personas, drogándose o buscando experiencias externas en
cualquier lugar de la sociedad, etc. (las personas compran, venden, viajan, y
hacen muchas cosas creyendo que eso les traerá felicidad, dicha, paz o dicha).
Autores como
Joel Moguel Mondragón, en el párrafo número tres en la página número cincuenta
y tres, en el Libro titulado: Soledad y singularidad, México 2016, señala
lo siguiente:
“Desafortunadamente se carece de una orientación adecuada para hacerle
frente (soledad), y en ocasiones, esto pueden producir una crisis de angustia,
que lleve al suicidio o al desarrollo de neuropsicopatologías. Sin embargo, que
existen casos extremos, no quieren decir, que la causante de estos infortunios
sea la soledad”.
RUIZ LIMÓN, RAMÓN
INVESTIGADOR Y ASESOR EN REDACCIÓN DE TESIS: LICENCIATURA,
MAESTRÍA, DOCTORADO Y POSTDOCTORADO, EN ESPAÑOL E INGLÉS.
AUTOR DE LIBROS COMO: Historia
y evolución del pensamiento científico, el método científico y sus etapas, el
conocimiento silencioso, el viaje al poder de la conciencia, los métodos
didácticos y su relación con la ciencia, el poder de los dichos de la boca y
del pensamiento, entre otros.
Palabras clave
Autoengaño, miedo, temor, angustia, falso yo (conciencia
foránea), singularidad, mecanismo de defensa, falta de originalidad y
autenticidad, hombres de segunda mano.
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